Sálvese quien pueda
“Es difícil imaginar
una forma más estúpida y peligrosa de tomar decisiones que ponerlas en manos de
quienes no pagan ningún precio por equivocarse”.
Thomas Sowell.
Tras
semanas de retrasos e inoperancia, el Gobierno ha decidido regalarnos largas
ruedas de prensa, donde imperan la propaganda y la censura, construidas por y
para el ensalzamiento del Ejecutivo en un intento de mostrar una apariencia de
trabajo, que compense los injustificables errores pasados, y generar grandes
titulares de prensa haciendo así olvidar por un momento a la opinión pública
los miles de muertos que sigue provocando su gestión.
El
mayor ejemplo es el “Súper Plan”
económico que presentó Sánchez, prometiendo movilizar hasta 200.000 millones de
euros para luchar contra el coronavirus. Un excelente proyecto de marketing,
muchos titulares y poco contenido, que esconde una estafa en toda regla. Un
alarde quimérico por las cifras que maneja, pues supondría destinar el 20% del
PIB a un programa de ayudas públicas. Algo sin lugar a dudas totalmente
imposible.
Sin
embargo, como el diablo está en los detalles, deberíamos preguntarnos algo tan
sencillo como de dónde procederá toda esa ingente cantidad de riqueza. 87.000
millones nos dicen que saldrán del Sector Privado, 13.000 millones se trata de
dinero ya presupuestado y 100.000 millones se tramitarán en forma de avales
públicos. Excesivamente grandilocuente, sobre todo esta última cifra, que se
permite obviar que el pequeño autónomo (taxistas o carpinteros), que no va a
poder hacer frente a sus pagos, tampoco podrá plantearse el crédito necesario
puesto que no tienen ninguna certeza de cuando volverá a entrar dinero en su
cuenta. Cuando se nos habla de avales, esos compromisos jurídicos que no
requieren en primera instancia un pago real del dinero, nacen ecos peligrosos
de la crisis de 2.008, donde ya se recurrió a una fórmula similar y, a la hora
de la verdad, el Estado se reconoció incapaz de pagarlos y tuvo que llamar al
salvavidas europeo. ¿Por qué tendríamos que creernos que esta vez ocurrirá algo
diferente?
La
cantidad correspondiente al Sector Privado parece concretarse en expolio,
deuda, sudor y lágrimas, pues son los impuestos los grandes olvidados de una Hacienda
que no perdona. Y es que España vuelve una vez más, y para nuestra desgracia, a
ser la nota discordante del mundo occidental (Alemania, Francia, Italia,
Portugal, Bélgica, EEUU, Holanda, Austria, Dinamarca y 22 Estados más hasta la
fecha) donde ya se están aprobando suspensiones de la cuota de PYMES y
autónomos, Seguridad Social, IVA o suministros (luz, gas y agua).
Más
allá de eslóganes políticos y de grandes cifras, siendo España uno de los
países más afectados (sino el que más) de esta crisis, el plan del Gobierno no
solo no hace lo único que debería hacer, levantar la bota de la presión fiscal
del cuello de las empresas y los autónomos, sino que le ofrece, a crédito, una
bota nueva. A lo único que han consentido, y tras la representación tragicómica
del soberano esfuerzo que realizaban, ha sido al aplazamiento de los impuestos.
Una forma de alargar la agonía pues quien no puede pagar las cotizaciones
obligatorias de este mes, debido a la inexistencia de ingresos, difícilmente
podrá hacer frente al pago por duplicado del mes siguiente.
¿Es
tan necesario para el Gobierno obtener los 2.880 millones que, teóricamente,
saldrá de la cuota de autónomos, durante los 3 meses que dure el confinamiento,
para hacer que estos se vean obligados a endeudarse para que puedan, los que
sobrevivan, entre otros retos y costes fijos, pagar sus impuestos? ¿Son tan
esenciales los 3.700 millones que nos retirarán dentro del recibo de la luz, montante
mayor ahora que nos vemos obligados a permanecer en casa? ¿No hay otra opción
que arrebatarles a las empresas cerca de un 47% de sus beneficios operativos en
concepto de pagos de nóminas (IRPF o Seguridad Social) en estos momentos en que
no pueden abrir sus negocios? ¿Tan ansioso se muestra en obtener el botín de
2.020 que prefiere apostar los ingresos de los años sucesivos en el camino?
No
hay falta de recursos, sobra el malgasto y la improvisación. Es vergonzoso
escuchar a Sánchez pedir “esfuerzos a
ciudadanos y empresas” mientras es incapaz de realizar ningún esfuerzo
fiscal, manteniendo los miles de ejemplos de derroche de dinero público de
nuestro Estado. Si, como decían correctamente algunos miembros del Ejecutivo,
estamos entrando en una “Economía de
guerra”, no podemos seguir manteniendo al mismo tiempo una administración
de bonanza.
Si
cualquiera de nosotros tiene un gasto inesperado, sobre todo uno de esta
envergadura, revisamos nuestras prioridades, dejando de gastar en otras cosas a
fin de financiar el nuevo frente. ¿Por qué el Gobierno no puede hacer lo mismo?
¿No es posible una reducción drástica, incluso a cero, de todas las partidas no
esenciales (subvenciones innecesarias, gastos duplicados, Ministerios y altos
cargos) de los Presupuestos?
Podemos
poner un ejemplo. Si el Estado redujese durante estos tres meses el salario de aquellos
funcionarios que no se encuentren luchando en primera línea, hasta unos 1.000
euros, se podría ahorrar cerca de 19.000 millones de euros que no tendrían que
ser sufragados por impuestos. Un sacrificio para los funcionarios, que tienen
garantizado su trabajo y no dejarían totalmente de cobrar, que podría salvar de
la miseria a millones de personas que no gozan de sus privilegios en el sector
privado, una medida temporal que bien podría ser compensada, incluso con
intereses, más adelante. Y es que si hoy no salvamos a las empresas y los
trabajadores, mañana no se podrá mantener ningún sueldo público. Deberían ser
los políticos los primeros en dar ejemplo, y no seguir cobrando sueldos, dietas
y subvenciones como si nada hubiera pasado.
Sin
embargo, ajenos a todo, resuenan con fuerza las constantes declaraciones del
Gobierno llamando a reforzar el sector público después de la crisis. Y para
ello se implementará la larga lista de impuestos que tienen previstos aplicar:
los viajes en avión, la comida basura, los plásticos, el diésel, subida de
Sociedades, subida de IRPF, la tasa Tobín, la tasa Google, Sucesiones y otros
tantos nuevos impuestos autonómicos. Una carga difícilmente asumible mientras a
duras penas afrontamos el nuevo endeudamiento al que nos condena el Ejecutivo.
Más aun considerando el golpe a una economía, con una tasa de paro del 13%, que
exporta el 33% de su PIB y tiene en el Turismo una de sus principales fuentes
de ingresos.
Y
así, mientras Podemos, a costa de hundirnos, ya tiene su hashtag, #ProhibidoDespedir, la economía
podrá caer este año más de un 7% del PIB y superar los 5 millones de parados
(alrededor del 21%). Pero ellos lo hacen todo bien, como predica Sánchez, y no
tienen nada de lo que arrepentirse, como defiende Marlaska. Si algo falla, la
responsabilidad será de Madrid. Si la economía se hunde, la culpa le tocará a
Europa. Si se incrementa significativamente el número de contagios tras lanzar
a la calle a millones de trabajadores sin protección, será cosa de los
ciudadanos que no respetan el distanciamiento social.
Y
los muertos, incluso los oficiales, acercándose a decenas de miles.
