Por los Siglos de los Siglos


 “Que buen vasallo sería si tuviera un buen señor”

El cantar del Mío Cid.

Y al fin llegó. Tras la patente descoordinación y la manifiesta ineficacia del sistema autonómico, el Decreto sobre el Estado de Alarma, con párrafos literalmente plagiados del promulgado por Madrid días antes, impuso el final de nuestro régimen de taifas al proclamar el mando único y la vuelta a una nación unida. Por primera desde 1.978 y por poco tiempo, un murciano, un madrileño, un bilbaíno y un barcelonés tenemos los mismos derechos, obligaciones y autoridades sin discriminaciones ni privilegios. Relevante que el Gobierno más favorable a vaciar de competencias al Estado, a la hora de la verdad, opte por tal férrea centralización. Pero antes nos esperaba el lamentable espectáculo montado por los socios del Gobierno.

Al egoísmo nacionalista, ese virus conocido tan irracional como esperado, de los gobiernos autonómicos de Cataluña o del País Vasco (personificado en la petición de la Generalitat de reformar un espacio adaptado como hospital por su aspecto “militar” durante el peor momento de la epidemia), ha de sumarse la actitud de Iglesias, siempre dispuesto a obtener un mayor poder y para quien la pandemia representa la oportunidad esperada para tratar de imponer sus ideas.

Esto es tan así que el vicepresidente no dudó en utilizar la coyuntura para proponer su agenda de nacionalizaciones y de lucha de clases, como él mismo verbalizó en un mitin preparado desde la Moncloa mientras pedía ausencia de críticas con una mano y jaleaba caceroladas con la otra. Y es que esta dramática pandemia vuelve, otra vez, a dar la razón a aquel otro Sánchez que decía que España no podría dormir con Podemos en el Gobierno.

Pero si el peligro ideológico se asoma desde el ala extremista de la coalición, las gestiones del PSOE durante la pandemia han acabado demostrándose como una amenaza aún mayor. La incertidumbre generada por el retraso de la mitad del contenido del Decreto, además de provocar algunas graves aglomeraciones de trabajadores las mañanas del 16 y el 17, hizo que un porcentaje de fábricas chinas desviaran sus pedidos a otros países ante la posibilidad de que se decretasen confiscaciones de productos.

Este inconveniente hubiera podido ser salvado si el Gobierno hubiera consentido en aprovisionarse de material antes de la crisis, sin embargo, los requerimientos que se hicieron hacia tal fin por parte de la OMS y la UE hacia el Ejecutivo de Sánchez (el 3, 11, 13, 24 y 27 de febrero) para prevenir el desabastecimiento encontraron la misma respuesta desde el Ministerio de Sanidad capitaneado por Salvador Illa: “España tiene suficiente suministro de equipos personales de emergencia en este momento”.

Y de aquellas palabras, estos frutos, siendo España el país con más profesionales contagiados, en números absolutos y proporcionales, por las carencias de material de todos los tipos. O también, podrían pensar las malas lenguas, la purga del Comisario de Policía Nieto González el 14 de marzo, la persona que el 21 de enero redactaría una nota interna para que el cuerpo comenzase a hacer acopio de instrumental por su cuenta. Un testigo incómodo cuya mera existencia pone de manifiesto que en España se podría haber actuado de otra forma.

Sin embargo, lo que es totalmente injustificable en la gestión de una crisis de estas características, donde las acciones que realizamos los ciudadanos son de suma importancia para la salud pública, es el engaño, la mentira como forma de actuación en la que está sumida el Gobierno. Más aún proveniente de un partido que hace relativamente poco hizo suya la máxima de que “España no se merece un Gobierno que le mienta”. Pero no nos debe sorprender que en esto, como en todo, Sánchez también haya cambiado de idea.

Tergiversaron con el positivo de Carmen Calvo, ocultaron que habían recibido avisos sobre lo que se avecinaba, seguramente manipulan los negativos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, los dos machos alfas que triunfan allí donde sus mujeres caen ante el virus, cuyos positivos fueron tapados hasta que se filtraron a la prensa, y se saltan constantemente la cuarentena que a todos nos obligan a cumplir. E hicieron lo propio durante el ridículo espectáculo de los test.

Menos de 48h después de que Sánchez saliera por televisión, en un fatuo intento de eliminar las críticas y engorde al líder, anunciando la llegada de los test y la importancia de que estos estuvieran homologados, el equipo científico descubría que su fiabilidad era semejante a una escopeta de feria. El resto nos enteraríamos 4 días más tarde con la filtración de la noticia que desencadenaría un baile de cifras por parte del Gobierno al intentar tapar su nefasta gestión. 9.000, 50.000 o hasta 650.000, números que resultaron poco importantes cuando nos enteramos que la Administración hizo esperar durante días a empresas extranjeras homologadas, que acudían a venderles, mientras trapicheaban esa “ganga”, como la llamaría la Ministra de Exteriores, con la que pretendían ahorrarse unos duros en a saber Dios que mercado. Al final, como todos sabemos, los proveedores homologados vendieran su mercancía a otros países más interesados y los test prometidos no sirvieron para nada. Y estos días también parece que está ocurriendo lo propio con otro pedido de 5,5 millones.

Todo mientras los injustificados retrasos logísticos continúan sucediéndose, con cada vez más proveedores que claman contra los retrasos, de hasta 5 días, por parte de Sanidad a la hora de indicarles donde dejar las mercancías o con 3 de cada 4 respiradores nuevos que prometió el Gobierno inservibles durante 6 días mientras esperaban a obtener el visto bueno de las Agencias.

Nadie, por descontado, ha dimitido, ni se ha producido ningún seguimiento del asunto ni se producirá, ni nadie explicará como con una crisis de este calibre, con cientos de muertes al día, con una población recluida a la fuerza en sus hogares, se les ocurrió aventurarse a comprar en un bazar chino en vez de en agencias homologadas. Ninguna explicación, solo excusas y enemigos externos a los que culpar, conspiraciones contra sus personas por parte de figuras cegadas de ideología, incapaces de ver los descomunales esfuerzos que realiza este Gobierno ante una situación inaudita e incontrolable.

Si tal fuera el caso, podríamos sacar a colación a Corea del Sur, situado a pocos kilómetros de China, gobernado por un Ejecutivo de centroizquierda, para comparar desempeños. Si el 7 de marzo presentaban 7.041 contagiados y 44 fallecidos (frente a los respectivos 500 y 10 de España), a día de hoy 2 de abril, casi un mes después, cuenta con 9.976 infectados y 169 muertos (frente al menos 112.065 y 9.976 que aquí se han conseguido contabilizar).

Y es que la ideología nada tiene que ver con la gestión. Y encima que ahora estamos pagando la criminal decisión de alentar y esperar al 8M, cuando se dedica más tiempo y recursos a elaborar relatos, a preparar discursos, a estar con los asesores de imagen, que a trabajar para traer material de protección para la gente que se juega la vida o respiradores para quienes la tienen ya en juego, pasa lo que pasa.


A.C.G.

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