Y ahora... qué?
Habemus Papam, y con él, comienza una nueva legislatura que
quedará fijada en la historia de nuestro país, ya sea como la de las
oportunidades perdidas o como la que trajo, al fin, los grandes pactos que
necesita nuestro país. El hombre encargado de dirigirla será nada más y nada
menos que Rajoy, 315 días después de su anterior mandato presidencial. Así,
como bien dice el periódico El Español “Rajoy sucederá a Rajoy tras el mandato
en funciones de Rajoy”. Nadie se ha presentado a tantas elecciones como él y
tan solo Felipe González ha ganado el mismo número.
Sin embargo, ningún presidente de nuestra democracia (tal
vez Suárez) se ha enfrentado a una labor semejante. Con tan solo 135 diputados,
el PP afronta una legislatura con un Congreso radicalmente en contra de su
persona y su labor. Al PP le corresponderá impulsar las reformas que necesita
España si no quiere verse situado a remolque de los que seguro las propondrán.
Sabe que tal vez en las siguientes elecciones no cuente con el miedo a un
partido como Podemos ni con el hartazgo de la población a su favor, por lo que
tiene que aprovechar estos años, ya veremos los que serán, para intentar lavar
su imagen y no dejar que la lucha por el poder en el partido cuando se retire
Rajoy acaben debilitando su principal factor positivo de cara a la población:
el de un partido fuerte y unido.
Ciudadanos, por su parte, puede ser el que lo tenga más
difícil. No cabe duda de que se encargará, como mínimo, de que los grandes
pactos se pongan en marcha, pero en eso está también su sentencia. El caladero
de votos de Cs hasta ahora proviene de una gran marea de votantes que tienden
hacia la derecha pero que querían ver reformas en la Nación. Una vez cumplidos
sus objetivos, no será inverosímil que abandonen a la formación naranja. La
indefinición de Cs en algunos temas tampoco ayuda al partido. El papel del
grupo de Albert Rivera para esta Legislatura será precisamente el de construir
un perfil identitario claro y definible, capaz de atraer a sus propios
votantes, y no dejarse llevar por la urgencia de desmarcarse del PP ni ceder a
la tentación de intentar convertirse en el nuevo gran partido socialdemócrata
de la cámara.
El PSOE sale más fragmentado que nunca de la votación de
Investidura. Con 15 diputados contradiciendo la disciplina de partido, incluida
toda una federación como la catalana, y Pedro Sánchez dispuesto a seguir
intentando abrir heridas y grietas, le será complicado volver a su esencia. La
gestora intentara retrasar al máximo la elección de un nuevo Secretario General
en pro de que surja, al fin, un hombre de Estado como líder, dejando caer en el
olvido a Sánchez, el hombre con los peores resultados electorales en la
historia del PSOE, apoyado por quien tiene los peores resultados del PSC, los
peores del PSE, los peores del PSG… y por gran parte de la militancia, que como
se ha demostrado, no comulga con los votantes. No debe caer en la tentación el
PSOE de permanecer en un No sin sentido ante cualquier tipo de acuerdo con el
PP para intentar que Podemos no les pase por delante. Tendremos que esperar que
san conscientes de que en todas sitios donde han sido sobrepasados por Podemos,
el PSOE tiene más de morado que de rojo.
Podemos, a su vez también en plena pugna interna, parece que
va ganando, al menos de momento, a los votantes partidarios de los gestos
llamativos y los altercados. Después del show de la investidura y de la
manifestación no podemos esperar mucho más de ellos, y espero que se cuente
menos. Lo que hará Podemos resulta previsible, solo hay que mirar lo que han
hecho hasta ahora todos los partidos comunistas (IU y PCE) cuando alguien que
no lleve la palabra izquierda, e incluso así, propone algo: votar en contra,
movilizaciones y muchos gritos. Ya veremos cómo consigue Pablo Iglesias, que
hoy se ha autoproclamado Presidente de la Oposición, tras rechazar el de
Vicepresidente y Ministro de Marina, mantener cohesionado a un partido tan solo
unido por el ansia de llegar al poder. De momento ya vemos como está empezando,
volviendo a revitalizar el odio de clases. A Pablo Iglesias, parece que dado a
citar a comediantes como Marx, más bien le valdría atenerse a Marcel Achard y
remodelar un poco su mejor frase, “Fascistas son todos aquellos que no piensan
como yo”.