Aunque la mona se vista de Seda

Esta semana que se abre puede, al fin, hacernos ver en España la constitución de un nuevo ejecutivo en nuestro país. Nada más y nada menos que 300 días después, los engranajes vuelven a ponerse en marcha y los partidos abandonan el aire electoral para ponerse manos a la obra en una legislatura que se antoja corta y difícil, con todas las visas de ser histórica, tanto para bien como para mal. Ya se verá si es la legislatura de los logros o de las oportunidades perdidas.

Hay, sin embargo, un partido que se descuelga del resto. Podemos, a las visas de una guerra entre sus miembros para elegir el rumbo del partido y sin el atisbo de unas elecciones próximas, están volviendo a sus orígenes más radicales comandado por el líder, del que se antoja, el bloque más poderoso dentro de la formación morada, Pablo Iglesias. Tras una campaña de pretendida moderación vuelven las viejas maneras. Empezaron con las críticas a la Fiesta Nacional y tuvieron su último episodio en el Congreso de los Diputados donde hubieron de ser amonestados hasta en 11 ocasiones por la Presidenta de la Cámara debido a sus gritos y a las escenificaciones que realizaban. Una imagen más propia de países tercermundistas que de lo que debería ser el nuestro.

Entremedias, el caso González y el de la Guardia Civil. Podemos no dudó a la hora de firmar el manifiesto para la expulsión de la Guardia Civil en el segundo caso y de apoyar a los manifestantes en el primero. Las alabanzas a los radicales, un claro ejemplo de libertad de expresión según su opinión, fueron claras y contundentes. De la libertad de expresión de los contrarios, que normalmente tienen que huir por el miedo a ser agredidos o golpeados, de eso no hablemos. En esta ocasión fue González, que no pudo ejercer su derecho fundamental por el miedo a ser agredido, a la vez que se oían gritos a favor de ETA enfrente de la misma sala que conmemora a un demócrata asesinado por la perfidia de la banda y tildaban de asesino al socialista. Tranquilos, no oiréis esas acusaciones si el que pasase por allí fuera el gran hombre de paz Otegui.

En esta ocasión fue González, sí, como podría haber sido cualquier otro. Bueno, cualquier otro no, estas cosas nunca les pasan a determinados grupos políticos. Por algo los alaban y protegen, los radicales no son nada más que su militancia más fiel.

Siguiendo con la campaña de crispación y odio, al ayuntamiento de Barcelona de nuestra amiga Colau no se le ocurrió nada mejor que poner una estatua de Franco en mitad de la calle. No los del PP, los de Podemos. Como si no supieran lo que, de forma normal, iba a pasar. O peor, como si buscasen exactamente lo que al final pasó. Crispación, odio y rencor. De poco más viven ellos. Por algo califican como desastre nacional y casi de herejía a que más del 70% del parlamento pudieran llegar a realizar un pacto sobre educación, sanidad, economía, política y demás cuestiones que llevan lastrando al país durante décadas. ¡Estabilidad, progreso y bienestar!, ¡Horror!, claman por los pasillos del hemiciclo y por las tertulias televisivas.

La siguiente muestra de ejercicio democrático de Iglesias ha consistido en negar la legitimidad de las Cortes para elegir Presidente del Gobierno (aquí nada tenemos que envidiar a EEUU con Trump) a la misma vez que la formación ha apoyado la manifestación ilegal de “Rodea al Congreso” programada para el día de la Investidura. Ilegal porque, para que los diputados estén en plena capacidad de sus funciones, no pueden sentirse coaccionadas ni amenazados, lo que justamente ocurrirá. Por si fuera poco, desde Podemos han señalado que no descartan que sus propios diputados se unan a la manifestación, ya quitándose totalmente cualquier careta que todavía tuvieran. Me imagino que los del ataque a González estarán también por allí. 

Por último, resulta curioso como el número de fascistas han ido aumentando en nuestro país. Primero eran los del PP. Muy rápidamente pasaron a formar parte de ellos los votantes de Ciudadanos y últimamente los del PSOE. Todo un núcleo de autócratas que impiden el desarrollo de la gente, los de verdad, los de Podemos y los independentistas. Poco importa si estos últimos son más de derechas y corruptos que el PP, lo que mola es lo de indepes.

Que circo el que nos espera. 

A.C.G.

Entradas populares