Alea Jacta Est

O que corran los dados, que es, según otras fuentes, lo que de verdad dijo Julio Cesar al cruzar el Rubicón y sellar su destino y el de toda Roma. Algo así debió de pensar Sánchez tras lanzarse de cabeza contra el sector crítico en un intento de no acabar guillotinado tras concatenar la vigésima derrota histórica del PSOE. Y casi lo consigue. Tras una semana totalmente esperpéntica donde hemos visto como el Secretario se aferraba a su cargo con uñas y dientes sin reconocer, para variar, su nueva derrota, esta vez a manos de su propio partido, se dispuso a lanzar otro órdago que este caso podía partir el PSOE en dos. La pelea pasó del reparto de sillones a convertirse en una lucha ideológica dentro del partido: la verdadera izquierda contra los subordinados al PP.

Un razonamiento absurdo, capaz de destruir un partido por dentro, pero si eso le era útil para aguantar unas horas más sobre la silla… ¿Qué más dará el partido? Y de España ya ni hablemos.

Nunca se olvidará la inmensa labor que ha hecho por el partido. Ha conseguido hacer lo que parecía imposible, poner de acuerdo a González con Zapatero, a Rubalcaba con Chacón y a Susana con Madina. Un logro al alcance de muy pocos. En su bando se encontraban los barones con el peor resultado de Cataluña y en Murcia, los que colocó a dedo en País Vasco y Galicia, también con los peores resultados… y a Pablo Iglesias y los de Ezquerra Republicana.

Podemos y los independentistas saben lo que les beneficia, por lo que, con razón, no han dudado en apoyar al hombre que está destruyendo al PSOE y al que consiguen manejar de todas las maneras que se les ocurre. Atrás quedó lo de ”la Casta”, la alusión a las “manos manchadas de cal viva”  y cuando le impidieron ser investido porque se negó a darles la Tele y el CNI. Saben que con otro no lo tendrán tan fácil. Significativo es que la primera vez que el PSOE consigue desplazar el foco del poder mediático de Podemos al PSOE haya sido en contra de Sánchez.

Ahora, con la imposibilidad para el PSOE de presentarse a unas terceras elecciones y con la llegada de alguien más sensato y menos preocupado por su puesto, se abre la vía para la formación de un Gobierno del PP condicionado por las medidas firmadas con Cs y las que el PSOE le impondrá para abstenerse. Podremos, al fin, dar comienzo a una legislatura que se antoja histórica aunque corta. Alrededor de 2 años de acuerdos de Estado y cambios constitucionales entre los partidos mientras que el nuevo secretario que salga del PSOE se hace fuerte en su posición y espera a que la mejora económica y política acabe poco a poco con Podemos.

Seguramente esa nueva cabeza será andaluza, pero ya veremos si alguien más le disputa el cargo a Susana Díaz. La militancia socialista, más radical que sus dirigentes, como ocurre en todos los partidos, podría tener la tentación de jugarle una mala pasada a la protagonista de la caída de Sánchez y ya veremos si del Sanchismo.

El PSOE corre el riesgo de que su sector más alejado de la socialdemocracia y del centro político acabe aupando a Sánchez a la categoría de mártir y héroe de la lucha de la izquierda contra la derecha. Aunque la realidad siempre es mucho más compleja, la gente habitualmente no suele ver que entre el blanco y el negro hay una gran gama de tonos intermedios.

Y ya veremos lo que hace el diputado Sánchez cuando el Partido exija disciplina de voto. Seguramente tenga la esperanza de ser recordado por un sector de la población como un Cesar asesinado por Bruto y los suyos, unos traidores que eran incapaces de ver el camino hacia el progreso e iluminación al que él los llevaba. Siempre quedará mejor así que ser recordado como un hombre acostumbrado a tomar decisiones sin consultar a nadie fuera de su círculo más cercano, acostumbrado a cargarse a gente de la misma forma que le ha pasado a él y a celebrar debacles electorales con una sonrisa en la cara. Y, por supuesto, no querrá ser recordado como el Erdogan español, que llamaba a toda la militancia a alzarse y rodear Ferraz para meter miedo al bando crítico. Al final llegaron un centenar en su ayuda. Si eran del PSOE o de otros partidos ya es otra historia. 

A.C.G.

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