Que Dios nos salve de Montoro
Poco ha tardado el Gobierno en hacer aquello que prometió
que no volvería a hacer. La subida de Impuestos es ya un hecho, repitiéndose la
misma situación de hace 5 años con la llegada al poder del primer ejecutivo de
Mariano Rajoy. Sin embargo, esta vez la excusa no puede ser la herencia dejada.
Quien defiende que jamás se puede conseguir aumentar los
ingresos bajando los impuestos, miente, y no hay nada más que ver casos
recientes y exitosos como el de Irlanda, un país que ha pasado de ser rescatado
por la UE a tener una de las mayores tasas de crecimiento y creación de empleo
de la eurozona. Subir los impuestos tan solo mantiene los desequilibrios del
Reino de España, como ya demostró la pasada crisis económica. Como bien dice
Lacalle: “Los que piden más déficit llorarán echando la culpa a Merkel o los
mercados cuando suban los tipos de interés y aumente el coste de la deuda. Y subirán
impuestos. Porque el déficit es eso.”
Más gravosa resulta la situación en cuanto que el Impuesto
elegido por Haciendo para acometer la subida ha sido el IS, el Impuesto de Sociedades.
Así, el ejecutivo pretende justificarse al proclamar que no ha subido ninguno
de los impuestos que los ciudadanos más notan a corto plazo, el IVA y el IRPF,
y contentar al PSOE. Un nuevo lastre para las empresas que ven como en plena
crisis les será arrebatado una parte de sus Beneficios, lo que redundará en un
descenso en la creación de empleo y una subida de los precios en el mercado. Esto
probablemente afectará más a la ciudadanía que si se hubiera tocado algunos de
los anteriores Impuestos expuestos, pero será seguro más indoloro.
En el otro extremo se sitúa la vieja Eire. Una de las claves
de la recuperación económica de Irlanda fue, sin lugar a dudas, la drástica
disminución del Impuesto de Sociedades que llevó a cabo el Gobierno
Conservador. La formación Democristiana no dudo en este aspecto, consiguiendo
incentivar la llegada de la inversión extranjera, sobre todo de las empresas, provocando
un fuerte descenso del paro y un crecimiento constante en la economía,
atrayendo y creando nuevas empresas. El Gobierno Conservador irlandés entendió
que el pilar fundamental de la política económica tiene que consistir en atraer
empresas y fomentar el empleo, dejando al margen la tarea de contentar a
quienes nunca lo sabrán ver.
Como bien decía George Osborne, Ministro de Hacienda
británico, a un partido de derechas la izquierda nunca le va a reconocer la política
social, y mucho menos subir la presión fiscal, por lo que renunciar a los
principios conservadores, como tan bien están acostumbrado Rajoy y su equipo, no
solo es malo para la economía en el medio plazo, sino como hemos visto, no es
rentable políticamente. Ningún partido de la oposición va a reconocer jamás que
no solo se ha mantenido el Gasto Social, sino que se ha incrementado durante la
crisis.
A pesar de todo, aún se pueden anunciar cosas más positivas.
El endurecimiento del Impuesto al azúcar, al alcohol y al tabaco, aunque apenas
dejara, comparativamente, dinero en las arcas públicas, podrá ayudar a asentar
una nueva política que ayude a desincentivar estos hábitos y frene la creciente
ola de obesidad que recorre a las nuevas generaciones. Mirando en el largo
plazo, el mayor ahorro provendría en el apartado de Sanidad, ya que actualmente
los costes por tratar enfermedades y dolencias asociadas al consumo de estas
tres sustancias son superiores a los ingresos generados por los impuestos al
obtenerlas.
Tendremos que prepararnos para los próximos presupuestos,
donde la inmensa mayoría del arco parlamentario aún persigue la quimera de
aumentar el déficit público en un momento en que este ya ha superado el 100%
del PIB del País.