La mentira de la Austeridad
Recortes, austeridad y deuda son
palabras que dominan el debate político en España, de hecho, es raro, si existe
alguna, la tertulia política que no se refiera a ellas. Esto ya viene de lejos.
Desde que España está en la UE, está obligada a cumplir el Pacto de Estabilidad
y Crecimiento que sitúa el déficit máximo en el 3%. Sin embargo, España no solo
nunca ha cumplido esto, ni siquiera ha conseguido alcanzar el objetivo
renegociado por enésima vez con las autoridades europeas.
En 2008, año del comienzo de la crisis,
y con las cuentas saneadas, Zp inventó el glorioso Plan E destinado a
revitalizar la economía. El Plan, junto con la disminución de los impuestos y
el aumento de las prestaciones por desempleo, hizo que las cuentas públicas pasaran
de tener un superávit del 2% en 2007 a un déficit superior al 11% en 2009. En solo
dos años se gastaron 100.000 millones de euros.
Como suele ser normal, cuando no
se ingresa y se gasta por encima de las capacidades hay que empezar a pedir
prestado. Esto ha provocado que la deuda se haya incrementado desde principios
del 2008 a finales del 2016 en 700.000 millones de dólares, 2 veces el tamaño
de una economía como la de Chile o el gasto militar de Rusia en 12 años, para
que os podáis hacer a la idea. El principal problema de la Deuda es que hay que
devolverla. Y con intereses, por lo que el porcentaje del PIB que se destina
anualmente a pagar estos intereses aumenta diariamente. Pedimos prestado, nos
lo gastamos y después volvemos a pedir prestado porque tenemos que pagar más
intereses. Un coctel perfecto. Actualmente, al año cada español paga unos 721
euros solamente en razón de los intereses de deuda pública. Y no hablemos si se
produjese ahora otra crisis financiera o una subida de tipos.
Para evitar el problema, grupos
políticos de izquierdas como el PSOE o Podemos, piden que el ajuste
presupuestario sea fundamentalmente vía impuestos, por lo que deben de estar
relativamente contentos con el Gobierno actual, ya que esto es fundamentalmente
lo que ha hecho Rajoy. Tanto en el 2011 como más recientemente en 2016, después
de hacer campañas enfocadas en las bajadas de impuestos, no ha dudado en
subirlos exponencialmente.
Como consecuencia, la reducción
del déficit que se ha venido produciendo en estos últimos años ha sido más por
subidas de impuestos que por reducción del gasto. Así que, a la pregunta ¿ha
habido recortes? Sí, pero con matices. En 2015, el gasto público fue de 50.000
millones de euros superior a 2007, el año anterior a la crisis, en plena
burbuja inmobiliaria. Incluso haciendo el ajuste por la Inflación, el gasto
público se situaría al mismo nivel.
Más que recortes, lo que se ha
producido es una reasignación de los gastos. Por ejemplo, las pensiones y la
paga por desempleo han subido muchísimo, mientras que otras partidas como la
educación se han visto ligeramente afectadas, aunque es la inversión pública
(carreteras, aeropuertos…) donde más se ha notado el recorte. Frente al mantra
existente, no se puede decir que se está gastando menos, sino que se está
gastando de forma diferencia. De hecho, lo que ha caracterizado a España ha sido,
más que los recortes, las subidas del gasto público. Solo hay que ver que desde
2000 al 2009, con gobiernos de Aznar y Zp, el gasto público creció un 50%.
Por si fuera poco, a todo esto se
suma la falta de eficiencia en el gasto público en un momento en que parece que
las nuevas tecnologías se hayan olvidado por parte de la Administración
española. De hecho, España se sitúa en el puesto 106 en el ranking de países
con respecto a la eficiencia del gasto público. Todo esto el año en que España
ha obtenido los mejores resultados PISA de su historia. Las cosas se pueden
hacer mejor incluso ajustándose el cinturón.
La gestión de Rajoy se ha
caracterizado por más impuestos y menos gasto productivo. Una receta
francamente mala. Para salir de esta situación algunos piden subir los
impuestos, pero una alegoría semejante sería considerar que si el futbol es
gol, lo mejor sería jugar con 11 delanteros. En España los impuestos y sus diferentes
tipos son muy altos, por lo que subirlos más podría generar algunos ingresos a
corto plazo, pero dañando profundamente a cambio la competitividad.
La mejor forma de ayudar a los
más desfavorecidos y hacer frente a los compromisos sociales es generar riqueza
y terminar con todos los gastos innecesarios que existen en España, que son
muchos. En algunos países como Nueva Zelanda o Suiza consiguen más recursos y
mejores servicios sociales sin castigar la economía productiva. El resultado es
mayor prosperidad y bienestar para todos.
Lo que hace rico a un país no son
sus recursos naturales o su suerte, sino sus instituciones.