El Discurso del Rey

Se esperaba el mensaje de Navidad de Don Felipe y este, fiel a su estilo, no defraudó. Algunos se sorprendieron del lugar de emisión, su despacho en la Zarzuela, pero ninguno sitio podría ser tan indicado en un año donde tantos políticos de distinto signo han ido pasando para escuchar lo que el Rey tenía que decirles a lo largo del año. La Corona, símbolo de estabilidad incluso en las mayores turbulencias, ha sabido hacerse reconocer ante toda la sociedad un año más, excepto en los mismos de siempre.

Comenzó el discurso con un mensaje de esperanza y recuerdo de Felipe VI hacia las víctimas de las pasadas inundaciones que tanto hemos sufrido en el levante peninsular y prosiguió desgranando otros temas sociales, que abundaron más que los políticos e institucionales, siendo el más importante de todos ellos el de la Educación. Un tirón de orejas a los políticos para que vayan concretando el pacto educativo.

Entre la nube de palabras del discurso, cuatro primaron por encima de todas. Su Majestad se refirió principalmente a España, sociedad, hoy y futuro, seguidas de cerca por otras como respeto, valores o esperanza. El resumen de su discurso se podría resumir en una de las frases que él mismo pronunció: “Tenemos que seguir mirando hacia adelante construyendo nuestro país, construyendo también Europa. Tenemos que esforzarnos, paso a paso, día a día y con espíritu positivo, para que la prosperidad y el bienestar sean la base de una convivencia ilusionada”.

Así que no es de extrañar que reciba hoy las críticas de aquellos que no piensan ni en España, ni en la sociedad, ni en el hoy o futuro, ni en el respeto, valores o esperanza. Podemos y los independentistas, como siempre, se han visto ultrajados por el mensaje navideño. Resultaba cómico escuchar esta mañana a Forcadell clamar por un tiempo en que la gente y los políticos pudieran hablar de forma libre. Se ve que estaba ocupado cuando eliminaron el art. 20 de la CE… tal vez se haya confundido y piense que lo que aplican ellos en Cataluña también lo aplica el Estado en toda España.

A Podemos, por su parte, no le tuvo que sentar bien eso que dijo el Rey de “no vivimos tiempos para divisiones internas, sino para poner el acento en aquello que nos une, construyendo sobre nuestra diversidad; son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas. Tiempos, en fin, en los que tenemos motivos y razones más que poderosas para la unión, para trabajar todos juntos, desde cualquier lugar de nuestro gran país, con ilusión, con ideales y con proyectos para la mejora de España”. Una idea tan importante que fue con la que cerró su alocución.

No le gusta a Iglesias y los suyos que se pregone esos valores castosos de unión, concordia y dialogo. Ellos son más de agitar viejos rencores y abrir heridas cerradas, no de trabajar junto a otros de diferente pensamiento. Normal, si casi ni se soportan en el mismo partido.

También quedan cómicas las editoriales de algunos periódicos que echan en cara lo que ellos llaman falta de concreción en los problemas. Los mismos que hace poco se quejaban de que el Rey hubiera dicho algo más de lo que le correspondería como árbitro neutral. Así, le piden que nombre sin señalar, que concrete de forma abstracta, que dictamine sin imponer, que gobierne solamente reinando. Quieren que hable de cómo solucionar el problema en Cataluña pero sin dar fórmulas de acción o de la corrupción sin nombrar a políticos o partidos específicos. Criticar como deporte nacional se dice.

El resto de españoles, mientras tanto, no podemos hacer otra cosa que dar gracias al cielo por el Monarca que nos ha tocado en gracia disfrutar y disponernos a celebrar lo que nos queda de estas fiestas navideñas. No dejemos que el fantasma de las navidades pasadas nos amargue las fiestas, no les demos el placer de conseguir lo que persiguen.

A.C.G.

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