¿No hay dos sin tres?

Esta semana vuelve a comenzar otra campaña electoral, la segunda en 6 meses, la cuarta en un año. Esta semana por fin volveremos a ver a los políticos por las televisiones, no vaya a ser que los tuviéramos un poco olvidados.

El pistoletazo de salida fue el debate a cuatro entre representantes femeninas que anunció Antena 3 como la solución a los problemas de la sobreabundancia masculina en la política y el culmen del feminismo en nuestro país. Más allá de lo útil que puede ser traer a cuatro mujeres por el hecho de serlo y no a, que se yo, los segundos de cada partido al estilo de los debates entre los vicepresidentes en EEUU, se demostró lo tensa que va a resultar esta campaña y la imagen fiel que fue cada oradora de su partido.

El PSOE ya puede celebrar que, además de perder votos por Sánchez, tiene también como coladero a la que venía llamada a ser el tapón de la formación. Los lapsus de Margarita Robles, sus parrafadas difíciles de creer al provenir de alguien de su trayectoria y su continuo énfasis en señalarse como una persona de la calle frente a los privilegiados del PP – justo lo que le falta a ella, se ve que intentó aplicar el método de Sun Tzu de hacer creer que tu máxima debilidad es tu mayor virtud - ahondaron en la negra noche del PSOE que ve como se le escapa el 2 puesto fruto de lo que ha estado sembrando en estos últimos 12 años. Quien siembra vientos recoge tempestades.

Por su parte, Andrea Levy, se comportó de forma ejemplar para los estándares de su partido: encorsetada al principio, parecía de madera y que cualquier movimiento brusco serviría para romperla. Durante sus primeras intervenciones parecía más una niña nerviosa recitando la lección ante las preguntas de su profesora que un contendiente de un debate entre iguales. Es lo que pasa cuando llevas a un debate como este a alguien más por su juventud y porque aún no está manchada que a un profesional. Teniendo a Soraya que se quiten las demás, ella ya demostró que puede seguir el ritmo a politólogos como Rivera e Iglesias. Levy tan solo cogió soltura durante la parte más bronca del debate, cuando los viejos representantes del bipartidismo se enzarzaron en un duro “y tú más” ante las miradas atónitas y divertidas de Bescansa y Arrimadas.

Carolina Bescansa, por su parte, demostró con creces que es totalmente justa su fama de gran socióloga y politóloga. Con una actitud presidencialista, como si fueran ellos y no el PP el partido que está en la Moncloa, supo moverse perfectamente entre los tiempos del debate sin entrar en la refriega, como si no fuera con ella. Así sonreía cada vez que Margarita Robles hundía cada vez más al PSOE a la miseria. Ni siquiera tuvo que hablar mucho sobre Venezuela, fue la propia socialista la que se encargó de defender lo ilógico de politizar la situación del país hermano para la campaña. Todo esto ante la mirada encantada de Bescansa que reflejó perfectamente la posición de títere a la que se ha visto sometido el PSOE desde la llegada de Podemos gracias a la actitud de Pedro Sánchez y los que lo mantienen en el poder. Tan solo falló a la hora de proponer argumentos sólidos de su programa, el punto débil de la formación morada. Se llenaba la boca de generalidades y sueños sin llegar a concretar como ese incremento de dinero público se podría gestionar realmente y, sobre todo, de donde se iba a sacar. Que nadie piense que va a salir de las 2000 familias más ricas de España. No salen las cuentas.

Inés Arrimadas se configuró así, posiblemente, en la ganadora del debate, siempre con permiso de Bescansa. Fue la única que consiguió que Carolina abandonara su tono superior y la única que consiguió moverla y contradecirla sin ceder terreno en ningún momento. Se nota que está curtida en el parlamento catalán. Hizo base sobre la solidez de sus propuestas mientras echaba en cara la abstracción y afán de poder de Podemos, la corrupción del PP y la insensatez del PSOE. Erigirla ganadora del debate es algo muy subjetivo, pero es más difícil de negar que es ella la que posiblemente tenga mayor empuje político en un futuro.

Y así comienza otra nueva campaña en España, ese país donde las elecciones las ganan, justo en sentido inverso, los partidos cuyos líderes están peor valorados: Rajoy, Iglesias, Sánchez y Rivera, en ese orden.

A.C.G.

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