Debate a 4
El debate del lunes pasado podrá ser recordado como
histórico por diferentes razones. La más obvia, era la primera vez que 4
candidatos a Presidente del Gobierno se veían las caras en un mismo debate. La
segunda, que fue el primer debate, al menos en los últimos años, donde se
oyeron sobre todo las ideas que los partidos quieren trasladar al electorado y
no tanto el conocido “y tú más”. Sin llegar a ser el empalagoso espíritu del
Tío Cuco, sí que se derrocho respeto entre los contendientes, a la misma vez que
se daban algunos palos entre unos y otros.
Sin embargo, como en todo debate político, hay que analizar
quien han sido los ganadores y los perdedores, si los hay, de la contienda. En
este debate es muy difícil concretar un ganador, no tanto un perdedor, ya que
todos superaron el 5 de nota. Es por eso por lo que habrá que juzgarlos según
los objetivos que perseguían para el debate:
Pedro Sánchez, como de costumbre, resulta el gran perdedor
de la noche. Era su enésima oportunidad para dar un golpe en el tablero, para
posicionarse como cabeza de la izquierda y volvió a fracasar en el intento. No
estuvo mal, pero eso no era suficiente. Le volvió a traicionar su sonrisa falsa
y la excusa de la pinza. Está bien decirlo y repetirlo, pero con un límite. Y
sobre todo, lo que más hundió a Sánchez, fue no hacer caso al aviso de Pablo
Iglesias. Se equivocó de enemigo: de los 79 ataques que mandó a sus
adversarios, 54 fueron para Rajoy y tan solo 11 para Iglesias. Parece que el
títere de Iglesias no sabe contra quien está compitiendo. Un 5.
Mariano Rajoy, por su parte, venía destinado a ser carne de
carnaza de los otros tres, más jóvenes, mejores oradores y con menos pecados
que purgar. Sin embargo, consiguió sobremaneramente su objetivo: sobrevivir al
encuentro. Y no solo sobrevivió, sino que consiguió mantenerse estable en el
cuadrilátero. Que el primer tema fuera la economía le ayudo a coger confianza,
y se le noto. Solamente Rivera parecía seguirle el ritmo. La solidez ante la
economía se convirtió en líquido cuando tocó el tema de la corrupción, sin
embargo, logró resistir. Un 6.
Pablo Iglesias venía con un planteamiento diferente al que
nos tiene acostumbrados. En posesión ya del voto extremista, buscaba el voto
moderado, y así lo reflejó en su minuto de oro: la gente ya está cansada de
tener miedo… sobre todo cuando está desesperada. Aunque estuvo bien, no llegó
al nivel que nos tiene acostumbrados. Llegó a perder los nervios un par de
veces ante Rivera y no estuvo tan atinado. Eso sí, a pesar de todo, le sobro soltura
e ironía para quitarse de en medio a Sánchez y colocarse como la cabeza visible
de la izquierda, como la única opción viable para que no siga Rajoy. “Yo no soy
el enemigo, Yo no”. Un Pablo Iglesias fundó el PSOE y otro puede hundirlo,
aunque, eso sí, los socialistas llevan 16 años ganándoselo solitos. Un 7.
Quien lo tenía más difícil, tal vez incluso más que Sánchez,
era Rivera, pero a diferencia del primero, este no defraudo. En un país
acostumbrado a los extremos, a la derecha o a la izquierda sin dar misericordia
o compasión al otro jamás, un partido de centro, al más puro estilo del Partido
Liberal Inglés, lo tiene muy difícil, sobre todo con dos partidos que están
haciendo todo lo posible para polarizar la campaña lo máximo posible. A pesar
de todo, Rivera consiguió dar un golpe en la mesa manteniéndose regular al alza
durante todo el debate. Fue el único que consiguió aguantar el ritmo de datos
de Rajoy y puso de los nervios a este con Bárcenas, sus sobresueldos y SMS, y a
Iglesias con su financiación ilegal-inmoral y con la inmensa deuda que arrastra
IU con los bancos, a pesar de lo mucho que lo negara el de Podemos. Consiguió
salir de la posición marginal a la que todo el mundo veía que se iba
arrastrando tras el pésimo comienzo de campaña que realizó a la vez que reforzar
su posición. Quien sabe, con un PSOE a la baja, si realizan un gran campaña,
donde podría llegar la formación naranja con un 30% de indecisos. Un 8.