La serpiente se muerde la cola
Después de que se le impidiera a la formación morada tomar
por asalto su tan ansiado gobierno, al menos a corto plazo, las dudas y
críticas no paran de arreciar sobre los populistas.
Los primeras críticas han surgido de buena parte de los
votantes que dieron su confianza a los de Pablo Iglesias el 20D, muchos de
ellos provenientes del PSOE y que ahora no entienden la política de
negociaciones que están llevando desde la dirección del partido, más próxima a
la celebración de unas nuevas elecciones que a crear pactos de gobierno.
Tampoco entienden como pueden ver a Albert Rivera hablar día tras día de
políticas para el servicio de la gente mientras su partido sigue enrocado en
pedir la vicepresidencia, CNI, televisiones y todo tipo de sillones que se les
ocurra; justamente lo contrario que le habían dicho cuando fueron a votar.
Idealistas que creyeron que cuando Pablo Iglesias hablaba sobre tomar el poder
a toda costa y desechaba pactar eran solo metáforas y formas de expresión, que
eso de tomar decisiones a dedo, pedir sillones, no contar con la gente y no
querer pactar eran cosas solo del PP. Pobres.
Sin embargo al partido aún le quedan muchos de esos votantes
que siguen defendiendo al líder pase lo que pase, aunque ahora pida tal sillón
o aplauda a Otegui… se justifican diciendo que el partido tiene que gobernar a
toda costa y que entonces ya irán mejor las cosas. Me suena a un “cierra los
ojos y tranquilízate, no te va a doler”.
Sin embargo, en el mismo partido no están dispuestos a
sentarse y esperar a ver qué pasa. Cuando el barco se hunde las ratas son las
primeras en abandonarlo y los tiburones van a buscar que pueden echarse a la
boca. Las crisis territoriales que llevan sucediéndose durante todo el 2015 no
han hecho más que agravarse tras el tercer puesto conseguido en las elecciones:
Cantabria, Galicia, La Rioja, País Vasco y Cataluña son los focos más
importantes. Esta última se encuentra actualmente en pie de guerra contra la
gestora colocada a dedo por Pablo Iglesias y sus bases buscan forzar una votación,
contraria a los planteamientos del líder y su gestora, que están intentando
retrasarlo lo máximo posible para conseguir independizar al brazo catalán de la
formación y unirse al partido de Ada Colau. Esto significaría dejar a la
formación morada con una presencia casi marginal en Cataluña o la desaparición
total.
Pero el mayor problema actualmente de Iglesias proviene de
un espacio mucho más cercano al líder: el portavoz de la formación Íñigo
Errejón. Las diferencias en la forma de actuar de las dos familias mayoritarias
de Podemos, encarnadas en Iglesias y Errejón, en relación al PSOE y unas nuevas
elecciones se pusieron totalmente de manifiesto durante la sesión de
investidura de Pedro Sánchez. A todos nos sorprendió ver a Pablo Iglesias
demostrar ser lo que es de manera tan clara vertiendo todo el odio que lleva
dentro, y a ninguno más que a Errejón. En este caso la víctima fue nada más y
nada menos que el expresidente Felipe González, y los ataques fueron muy duros
y claros (a Iglesias se ve que no le hizo gracia que le recordaran a Leopoldo
López tras su felicitación al asesino etarra), aunque para clara fue la cara
que se le quedó a Errejón tras oírle soltar semejante atrocidad.
Desde entonces la lucha entre las dos familias no ha parado
de agravarse, teniendo como epicentro Madrid, donde se van sucediendo las
dimisiones del grupo de Errejón acusando principalmente a Luís Alegre, conocido
pro Iglesias. Mientras los primeros buscan un acuerdo con el PSOE para poder
entrar en el poder de manera rápida, incluso con la ayuda de Ciudadanos como
sugirió la alcaldesa Manuela Carmena, los segundos apuestan por la repetición
de elecciones para conseguir dar el “sorpasso” y colocarse por delante del PSOE
gracias a sorpresas de última hora, como podría ser la inclusión de una
candidatura conjunta con IU.
El problema de esto, es que Iglesias, para poder conseguirlo
y afianzarse con el poder del partido, se está empezando a apoyar cada vez más
en la vertiente más anticapitalista y radical del partido, donde figuran figuras
como Teresa Rodríguez, bastante crítica con el líder en épocas no tan pasadas.
Además de esto, hay que sumarle el creciente enfado de IU y de Compromís con la
formación morada que hace peligrar la tan ansiada candidatura conjunta y que
podría suponer una gran derrota y trasvase de votos si se volviera a convocar
unas segundas elecciones.
Al final a todos les une una cosa: la búsqueda del poder.
Jamás podré creer en las revoluciones que buscan cambiar el orden de las cosas
y dejan igual el corazón del hombre.