Welcome!
Una
vez más de vuelta a la matanza. Esta vez en Manchester. Otra vez imágenes de
flores, caras llorosas y filtros de Facebook. Sonará “Imagine”, porque cuando
la Iglesia lo hace mal, se pide su final, pero cuando viene del Islam, se critica
a todas las religiones por igual. Estarán en primera línea, como no, políticos
y periodistas, adalides de la multiculturalidad, listos para garantizar que no
se emita nada que pueda sonar mínimamente racista o islamófobo, dispuestos a
suprimir cualquier voz crítica capaz de alentar al ultraderechismo y la
incitación al odio.
Así,
solo se oirán tertulianos y políticos convencidos de que la sinonimia Islam y
violencia tan solo es producto de falaces imaginaciones. La solución, la de
siempre. Más tolerancia, más amor y velas. Los periódicos abrirán otra vez con
el nuevo “incidente”. Casos aislados, objetos inanimados que inoportuna e
inevitablemente explotan. Coincidencias. Ninguna medida se tomará desde las
altas esferas para atajar la situación. La culpa, en todo caso, es nuestra, por
la injusticia, la pobreza o la discriminación en que algunos viven. La culpa es
de la chica con minifalda.
Tenemos
que estar contentos de que la mayoría sean moderados, que se limiten tan solo a
predicar la llegada del califato y la subyugación de los infieles. No podemos
culparles de que crean que el mundo cristiano está irremediablemente
corrompido, ni que nos deseen lo que consideran el mayor gozo, el sometimiento
a Alá. Nos desprecian por ser incapaces
de defender a nuestras mujeres y estar dispuestos a que nuestros hijos no crean
en nada, por infieles. Nos desprecian tanto los recién llegados como los que
vinieron hace un siglo.
El
Consejo Musulmán de Inglaterra lamenta lo sucedido, pero defiende en el mismo
comunicado la enseñanza del Islam fanático y la aplicación en los tribunales de
la Sharía mientras exigen al Gobierno británico control sobre la islamofobia.
Peor esto último que cualquier asesinato yihadista. Contrarios a más controles
sobre sus comunidades, jamás entregan al poder infiel a un fiel sospechoso. En
cada barrio uno atenta, los demás guardan cómplice silencio. Apoyan
silenciosamente, nunca critican, nunca se manifiestan ante la crueldad. Nunca
retroceden. Las Iglesias se transforman en mezquitas. Las calles y parques
adyacentes cambian. Después el barrio. Donde ellos son más, pronto no hay otra
cosa.
Los
políticos, únicos que podrían cambiar la dinámica, callan. Unos tienen miedo
del monstruo de lo políticamente correcto, otros están perdidos en su islamofilia.
Muchas de las mal llamadas feministas llenan las calles y las redes sociales
contra el lenguaje sexista o contra los “micro” machismos que someten a las
mujeres, sin embargo, ante el maltrato estructural y sistemático de toda una
cultura, no solo callan e ignoran, sino que defienden a ultranza. El velo como
nuevo símbolo de identificación feminista.
Otros
partidos son más de anunciar el solsticio de invierno, censurar la Semana Santa
y celebrar el Ramadán. Así hemos podido ver moradas felicitaciones toda la
semana y, por desgracia, cada vez más rojas desde la caída de la gestora. En el
barrio de Lavapiés, en Madrid, se ha sustituido el tradicional Belén,
incitación y ofensa donde las haya, por reuniones y actos del Ramadán
sufragados por el ayuntamiento.
Puede
que ya hayamos perdido la guerra, que ya no haya fuerza para reaccionar. No una
guerra física, con armas, soldados y un país enemigo, sino una guerra cultural
entre dos civilizaciones diferentes. Una guerra donde ni siquiera podemos
disponer de Fuerzas Armadas, demasiado ocupadas en traer más “combatientes”
desde el Mediterráneo. Es normal, los grandes Imperios siempre caen desde
dentro, no por el empuje exterior. La guerra cultural está perdida, nos queda
el dinero, pero eso solo sirve para aguantar un poco más. Europa será
musulmana. Tal vez en tiempos de nuestros hijos, tal vez de nuestros nietos.
Pero lo será.
No
nos queda más que seguir con nuestra vida, pensando que tal vez nosotros
podamos ser los siguientes. En ese centro comercial donde suelo ir, en el
concierto del cantante que me gusta, en el espectacular partido de futbol,
durante el paseo de la mañana o el running de la tarde, mientras estas tomando
unas copas con tus amigos o pareja, cuando sales a la calle un momento a
visitar a alguien. Puedes ser tú o cualquiera al que quieras.
Mientras,
ante nuestra indolencia, el mensaje totalitario del Islam sigue avanzando. Un
mensaje al que solo cabe hacer frente… o someterse.