Groucho Sanchez
El
cierre del 39º Congreso ha evidenciado nítidamente el cambio programático y de
mensaje de este nuevo PSOE de Pedro Sánchez. En su discurso, donde no se habló
de España, país o nación, sino de Estado, justificó su guerra contra el PP en
los niños hambrientos, los jóvenes sin trabajo, la enfermera precaria, el
anciano sin sustento… y todo el barullo apocalíptico que constatamos nada más
salir a las calles.
No
podemos, sin embargo, quitarle mérito a Pedro Sánchez. Pocos políticos podrían
haber alcanzado la proeza de encadenar sucesivamente los peores resultados
históricos de su partido y conseguir que los militantes lo volvieran a ensalzar
hasta lo más alto, meses después de su desentronización, como revulsivo y
referente de novedad política. Novedad al son de la Internacional y el puño
apuntando al cielo. Todo muy innovador.
En
su huida hacia delante, Sánchez se pliega a la fórmula populista que tan buenos
resultados le dio en las primarias. El PSOE se convertirá a partir de ahora en
la pesadilla de “las élites extractivas”,
a semejanza de las élites políticas y económicas de la “trama” de Podemos, e
inicia una cruzada “contra el PP y el
neoliberalismo”, que tanto tiene de abstracto y tan poco de sustancia.
Incluso las críticas a la UE parecen calcadas del partido morado. Parece
mentira que el mismo Sánchez fuera el anterior líder del partido.
No
nos equivoquemos. Es el mismo que a Évole le dijo que el PSOE debía trabajar
codo con codo con Podemos justo unos pocos meses después de defender lo
contrario (“Podemos, ni ahora ni nunca”),
que ha pasado de defender el “mestizaje
ideológico” y el pacto con C’s a situar el centro y la moderación como “el peor de todos nuestros males”. El mismo que se fotografiaba
ante una gran bandera de España acepta ahora las tesis independentistas que han
provocado que el PSOE se derrumbase en todos aquellos lugares de España donde
el nacionalismo emerge, incapaces de comprender que a esa bestia no se la puede
combatir cediendo, pues siempre damanda más y más. Sánchez solo tiene un
programa, que se puede definir en un monosílabo, y una ideología: la Moncloa.
Para
hacerlo, aunque siga consignando eso de las fuerzas del cambio que nos
retrotrae a marzo de 2016, su estrategia pasa por lanzarse a los brazos de
Podemos, asimilando incluso referentes doctrinales: entre las repúblicas
bananeras, Bolivia es el nuevo referente del PSOE, uno de los pocos países que
no le han dado la espalda a la Venezuela de Podemos. A nivel europeo, Portugal
se sitúa como parnaso y ejemplo para ambos. Olvidada queda Grecia, que, tras
años de gobierno del Podemos griego, va camino de otro rescate sin atisbar
siquiera eso que algunos llaman “coyuntura económica” que parece estar salvando
a España.
Si
tu ejemplo no es Irlanda o Alemania, sino Portugal, el gobierno que ha llevado
a cabo la mayor subida de impuestos a las clases medias y a las pymes, que
recortó las pensiones y que ha llevado la deuda pública al 131%, os podréis
imaginar por donde se encamina el nuevo programa económico de Sánchez: un nuevo
Plan E. Repetir 2007 pero con toda la deuda heredada del anterior más la nueva
de 5 años de Gobierno popular. Y subidas de impuestos masivas, sobre todo en
los indirectos (toma progresividad). Dicen que es necesario “poner bridas al
capitalismo”. ¿Cómo lo piensan hacer? Endeudándose. Apabullante.
A
su plan, semejante a buscar un remedio contra la obesidad aplicando una dieta
de engorde, no le falta la guinda del pastel: creación de la Banca Pública.
Otra vez. Esa misma que rescatamos hace algunos años y donde ya hemos perdido
unos 60.000 millones. Que no os engañen esos que se quejan tanto estos días contra
la Banca sin añadir la coletilla Pública. El rescate de un Banco Privado ha
costado un euro. Y ni siquiera ha salido de las arcas públicas. Parece ser que
a un ex delegado de Banca Pública como Sánchez le encantó su paso por la
dirección de Bankia. Querrá imponer su éxito a todo el Estado.
Así
las cosas, parece que el acercamiento del PSOE a Podemos comienza oficialmente
con la votación del Tratado de Libre Comercio con Canadá. El PSOE de Pedro
Sánchez se convierte así en el único partido de toda Europa, junto con Podemos
y el Frente Nacional de Le Pen, en rechazar el tratado. Tantos aspavientos para
terminar abandonando a Trudeau y acercarse a Trump.
Tal
vez la sociedad debería plantearse la propuesta de Platón a la hora de elegir
gobernante. No tanto por la edad fijada como por los méritos necesariamente constatados
de estudio, sabiduría y prudencia que servirían de requisito. Mientras tanto,
seguiremos produciendo aspirantes a gobernar bajo los principios de Marx.
A.C.G.