Suresnes II

El próximo mes de mayo, uno de los partidos más antiguos de España se enfrentará en las primarias más politizadas y de mayor relevancia que se recuerdan en nuestro país. Tal vez a la par del viejo Suresnes. Y no es para menos. Tras 20 años sin un liderato carismático como González, donde lo único que han conseguido es castigar al país con 8 años de zapaterismo, tres son los candidatos que están llamados a devolver al PSOE a sus viejos días de gloria. Aunque viendo el percal, esperanzas hay pocas.

Por la derecha, directa desde Andalucía, viene la sultana del más leal reino taifa socialista. ¿Su mejor punto? El mal menor. No sus opiniones o ideas a nivel nacional, escasas hasta ahora, sino su justa presencia, o más bien la no presencia de Sánchez, es lo que ha llevado a toda la plana socialista a situarse a su vera. Desde González a Zapatero, siguiendo Guerra y acompañando Rubalcaba y Chacón. Junto con la mayoría de los presidentes autonómicos. Ha sentado juntos incluso a enemigos irreconciliables. Ya se sabe que el enemigo de mi enemigo…

Todo el que ha sido alguien en el parnaso socialista español se ha conjurado en un intento de frenar a Sánchez, en un intento de aupar a una contradicción. Una política de izquierdas que recaba las simpatías del espectro conservador. Una socialista que ha conseguido arrasar a Podemos, conformando un oasis rojo en un desierto morado. Denostada por esa izquierda acostumbrada a demonizar a todo aquel que no represente su ideal puro. Aunque gane elecciones. O precisamente porque las gana.

Desde la izquierda y más allá, viene Sánchez, encabezando su vendetta personal contra el partido que le ha dado todo. Cualquier cosa menos un candidato de unidad. Embebido del método Podemos, convertirá las primarias en un campo de batalla. Con su presencia ya no queda lugar alguno para el civismo y las buenas formas que deberían predominar en un enfrentamiento entre candidatos de un mismo partido. Tampoco se hablará de ideas. El debate ideológico se transmutará en un ajuste de cuentas entre personas. Un debate cruento y hostil con riesgo de cronificación si obtiene un apoyo sustancial.

Aunque el ideario de este hombre es claro, solo hay que mirar lo que defienda Podemos en cada momento. Adiós a la oposición útil en el Congreso, vuelta a la lucha total con las derechas y a nuevas elecciones. Cualquier votación que suponga apoyar al PP será tildada de entreguismo, una rémora que habrá que extirpar. Pacto con Podemos y sometimiento a los independentistas. “Tenemos dos adversarios: el neoliberalismo y el PP” firma en el manifiesto con el que comienza su cruzada.
Porque el neoliberalismo ultraconservador es un enemigo insidioso, capaz de permear hasta en su propio partido. La mejor estrategia es que la gente, los militantes, acabemos con la casta, las élites. Nosotros somos la única y verdadera izquierda y los demás puros traidores colaboracionistas de la derecha y el IBEX. ¿De qué me sonará eso a mí?

No sabemos quién ganará, pero algo si puedo asegurar: los efectos que se derivarán de Sánchez perdurarán. Si pierde, dejará un partido lleno de rencores y heridas abiertas, además de correr el riesgo de imprimir una huella permanente de sospecha sobre toda la cúpula socialista pasada, presente y futura. Eso sí se mantiene en el PSOE. Siempre queda la posibilidad de escisión en un nuevo partido junto a Errejón. Si gana, la fractura está asegurada. Todos los dirigentes autonómicos habrán quedado deslegitimados de un plumazo y la convivencia dentro del partido será de todo menos tranquila. Nadie sabe lo que quedaría del PSOE con otras elecciones provocadas por este tipo.

En cuanto a Patxi López, casi resulta cómico. Un hombre que ejemplifica los peores valores de la casta que esgrimen sus deseados aliados (afiliado desde los 16 e hijo de políticos, ni siquiera acabó los estudios). Un hombre que llegó a Lehendakari de la mano del PP, a los que sitúa ahora como el avatar de todos los males. El mismo hombre que animó a Sánchez a pactar con populistas e independentistas y luego lo desanimó para que no se presentara a las primarias, todo para conseguir representar a su nicho de votantes. El hombre, que al margen de su nefasta labor como presidente del Congreso (puesto también logrado gracias al PP), ejemplificó su talante cuando, a mitad de la legislatura frustrada de 2016, se trasladó a prisa y corriendo a la residencia oficial del presidente del Congreso, vacía durante una década, tan solo para disfrutar unos meses de sus tres plantas, 1.000 metros y su caro servicio pagado por el contribuyente.

Hace 43 años, en Suresnes, el PSOE decidió en una votación histórica abandonar el marxismo y convertirse en lo que ha sido hasta el día de hoy: un partido socialdemócrata con sentido para gobernar. Tal vez sea este el año en que el PSOE vuelva a desandar todo el camino recorrido. Un partido que ha aguantado tantos golpes externos puede no se reponga de la peor de las heridas, la que viene desde dentro. 

A.C.G.

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