El verdadero Arsenal
Esta semana, ETA da un paso más
en su campaña de limpieza de cara en su campaña de marketing político. 858
muertos y 50 años después, la banda terrorista está alcanzando sus objetivos:
conseguir la justificación de sus actos y obtener rédito político de ello.
Porque ETA, a pesar de lo que algunos proclaman para satisfacer sus intereses,
no está muerta.
ETA ya no es banda armada si confiamos
en la palabra de unos que nos mataban hasta hace pocos días y que lo seguirían
haciendo si no fuera por la inconmensurable labor de la policía, pero sigue
siendo una banda. En todos los sentidos. Ni actos de arrepentimiento ni de
condena. Ni se los espera.
Todo gracias al consentimiento
del Gobierno Popular y del siempre dispuesto Partido Socialista, encantado
incluso de salir en la foto con los que tres noches atrás se encargaban de
asesinarles, que ya permitieron hace tiempo la entrada de la marca blanca del
grupo terrorista en las instituciones, Bildu. Y es que ETA, además de no
disolverse, tampoco hace entrega del “patrimonio” económico obtenido tras medio
siglo de extorsiones y secuestros. Ninguna palabra sobre las pruebas que
permitirían aclarar los más de 300 asesinatos que están aún sin resolver. El
verdadero arsenal de ETA.
El Gobierno asegura que ETA está
derrotada, existente solamente en las cárceles e inexistente en la esfera
pública. Ojalá esto fuera cierto, pero los hechos tienden a ser tozudos y el
cáncer que ha sufrido con tanto ahínco el País Vasco, no solo está en proceso
de metástasis, sino que se extiende a Navarra. Así podemos ver un Gobierno
navarro conformado por partidos que no solo no condenan el terrorismo, sino que
protestan contra las detenciones de etarras. O un Gobierno Vasco (apoyado por
el PSOE) que dedica 20 millones de euros a un plan de “Paz” que equipara a los
asesinados por ETA con los que dicen que sufrieron abusos policiales. No es de
extrañar que estos gobiernos acudan a homenajes a etarras o apoyen a los
agresores de, por ejemplo, Alsasua.
Lo cierto y verdad es que ETA no
sólo está en las cárceles, cada día más vacías, sino en las instituciones. Al
frente de una campaña de imagen, apoyada por los de siempre y permitida, lamentablemente,
también por los de siempre. Que no nos extrañe cuando más pronto que tarde se
acceda a las exigencias penitenciarias de estos terroristas.
Más allá de los deleznables
subterfugios de los viejos partidos del bipartidismo y su uso cruel de las
víctimas, está esa que se hace llamar nueva política, y que de nueva tiene más
bien poco, dispuesta a exonerar lo que ellos califican de “disputas”. Siempre
cuentan a su disposición con una multitud de periodistas “evolianos”, encantados de proporcionar
micro a Otegui y compañía, no para disculparse sino para que pongan al mismo
nivel las víctimas de uno y otro lado. Total, todos lucharon en la misma
guerra, unos ponían el cuello y los otros las balas. Juego en equipo.
Para la nueva política, las
“disputas” de los “dos bandos” solamente pueden terminar reconciliándose, y la
mejor manera es la exoneración de los que ponían las balas y hacer que paseen
junto a los que ponían el cuello. Nada de castigos. Paz entre asesinos y
asesinados. Se debería poner en marcha un plan tan genial con las víctimas de
violencia de género, por ejemplo. Si funciona para una cosa, ¿por qué no en
otras?
Clamor y aplauso ensordecedor en
el Congreso por el supuesto fin de ETA desentonado únicamente por el silencio proveniente
de la bancada morada. Presencia en homenajes a etarras y ausencia en los de las
víctimas. Equiparación de las víctimas. Peticiones reiteradas del acercamiento
de “los presos políticos vascos”. “Que haya 500 presos de ETA lejos de casa es
una tragedia” en palabras de Pablo Iglesias. Presencia de Monedero en
Alsasua. Ex miembros de ETA pertenecientes al partido y comunicado oficial de
los presos a los suyos para votar a favor de esta formación… lo más cercano que
han estado de pronunciar algo desfavorable contra los terroristas fue cuando
pidieron despenalizar su apología.
Estos, que aún hoy no perdonan que los
franquistas mataran a Lorca por pensar diferente y que se nutren de las
inquinas que aun hoy perduran en nuestra sociedad tras la Guerra Civil, hacen
campaña a favor de la solidaridad, compasión y compresión de los etarras. Y
todo con una superioridad moral que resultaría chistosa si no fuera tan
grotesca. Al final, si ETA deja una lección en este país es que, si matas a los
que difieren contigo, sobre todo si eres de cierta parte del espectro político,
finalmente conseguirás lo que quieres. Y si no, siempre habrá alguien dispuesto
a ayudarte a hacerlo.
Como bien decía Arthur
Schnitzler, “La tolerancia frente a la
intolerancia es el peor de los crímenes. Ni siquiera la intolerancia es tan
grave”.