La Tercera Ola

Con la llegada de Irene Montero al poder muchos enemigos del progreso, conservadores y neoliberales patriarcales, han aprovechado la oportunidad para salir de sus cloacas y proclamar su misoginia a los cuatro vientos, aprovechándose de la puntual relación que la une con Pablo Iglesias. A la cima de Podemos solo llegan los más aptos. Mientras que el líder supremo estaba con Tania, Montero solamente no era conocida porque estaba preparándose a fondo para desempeñar su actual cargo de responsabilidad.

No nos dejemos engañar por las mentiras de la derecha. Con eso hacemos flaco favor al único partido que nos protege a las féminas. Si les dejamos criticar a Podemos porque mantiene en sus filas a un condenado por pederasta hacia niñas pequeñas o sacamos de contexto algo sobre azotar a mujeres hasta hacerlas sangrar, el machismo habrá ganado. Quien presenta a una progresista como Irene como alguien que se ha beneficiado de circunstancias personales para ascender  está atacando a todas las mujeres.

Muchos dirán que también hay mujeres en la derecha, pero tan solo son cómplices inconscientes de una forma de pensar perpetuadora del modelo heteropatriarcal. A ellas sí se las pueden someter. Por su bien. Nadie celebra que pegaran a unas chicas en Barcelona por llevar la bandera de España, ni a otra en Murcia por la misma razón. Ni siquiera que los de Rodea el Congreso lanzaran latas y llamaran putas a las diputadas de C’s. Pero no nos confundamos de bando. Sabemos cuál es la ideología que feminiza.

Feminizar la política no es que Margaret Thatcher tomara el poder en Inglaterra o que Ángela Merkel hiciera lo propio en Alemania y Europa. Tampoco con que Soraya sea la vicepresidenta y Ana Pastor la Presidenta del Congreso. Ellas solo debilitan la causa de la igualdad. No se pueden considerar como mujeres, sino como perpetuadoras de la estructura neoheteropatriarcalconservadora. Su ideología está equivocada. Da igual que en la II República el voto femenino se aprobase gracias a la derecha y en contra de la izquierda. Clara Campoamor no veía que ese no era el camino.

Igual de equivocada está la campaña #HeforShe y sus representantes, esa Emma Watson y Michel Obama. Una campaña basada en la idea de que la igualdad de género es un problema que afecta a todas las personas y no solo a las mujeres, tratando de involucrar a hombres y niños solo está encaminada al fracaso por sus ideas erróneas. Su justificación de que una gran parte del feminismo solamente toma medidas contra las desigualdades de mujeres y niñas ignorando la contribución y los problemas de los hombres y niños, es vacuo, nulo y contraproducente. No nos olvidemos de cuál es el lado correcto.

Un gran ejemplo de feminismo fue el de las ministras suecas, raudas para firmar un manifiesto contra el misógino de Trump. Y después tuvieron la dignidad de ponerse el velo islámico para visitar a nuestros amigos musulmanes. No como esa Le Pen, que tuvo la desfachatez de irse de la reunión cuando iban a obligarla a ponerse un velo. Feminismo es necesario, así las mujeres podrán saber cuándo sus fracasos no son debidos a sus capacidades, sino por los hombres. No escuchéis a esas mujeres que defienden que ellas no necesitan cuotas de género, que no se consideran inferiores. No saben lo que dicen.

Da igual que las mujeres vivan en promedio 10 años más que los hombres, ingresen un 33% más de ellas en las universidades y tengan los mismos derechos que cualquier varón. Da igual que el 80% de las víctimas de asesinatos sean hombres (son privilegiados, no son asesinados por su pareja, solo por su vecino), que su tasa de mortalidad laboral sea mayor, que el analfabetismo sea más acuciante en este género o que solo el 18% de los varones consigan la custodia de sus hijos. Los hombres son privilegiados y su único papel en la lucha por la igualdad de sexos se reduce a escuchar a las mujeres, soportar críticas y autoinsultarse.

Todo lo último no es defender la igualdad. No os dejéis engañar. Defender la igualdad es defender que una mujer no se tiene que depilar y atacar a los hombres por algunas maneras de hablar, como abordan una relación y como se sientan con las piernas abiertas. Que nadie venga a deciros que también hay mujeres que ocupan espacio con sus bolsos o pies en el asiento. Tampoco oigáis a los que señalan que jamás han visto a un Ken feo o un superhéroe gordo cuando os manifestéis desnudas por la cosificación de la mujer. Ser guapo, fuerte y rico no tiene la misma presión social que ser guapa y delgada.

Compañeras, que no os coman la cabeza. El verdadero feminismo es ahora más importante que nunca. 

A.C.G.

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