El Gran Dictador
Algunas editoriales de ciertos periódicos del País aún andan
preguntándose cómo los ciudadanos estadounidenses no hicieron caso a las numerosas
diatribas que publicaban contra el candidato republicando, advirtiendo de las
catástrofes que sucederían si tal pintoresco personaje salía elegido: fin de la
democracia en EEUU, Guerra Civil, comienzo de la III Guerra Mundial…
Ahora, a una semana después de la elección democrática de
Trump, parte de los mismos periódicos que ya habían encumbrado a Hillary tratan
de explicarnos las razones de la victoria del opuesto. ¡Que se quejen otros de
la credibilidad y supervivencia de Hernando teniendo en nuestro país a
periodistas como los nuestros! Ahora resulta que el millonario ha ganado por la
ignorancia, los idiotas, los paletos y los tontos hombres blancos, viejos y sin
estudios que le han votado. Así, tras una gran sarta de improperios contra las
personas que, nos guste más o menos lo que hayan elegido, decidían su voto con
la normalidad de un país democrático, se ha llegado a leer que Hillary ha
perdido simplemente por ser mujer ante un electorado mayoritariamente machista.
Ninguna palabra a que Trump haya recibido la confianza del
53% del electorado femenino, ni a los emails de Clinton, ni al símbolo del establishment
con la que una inmensa mayoría la reconoce. Clinton pierde por ser mujer, y los
que no lo votan son machistas. Bueno, aquí lo de dividir en bandos enfrentados
ya nos es conocido. A Trump le perdieron sus palabras cuando se confesó
dispuesto a azotar a una mujer hasta hacerla sangrar. Aquí en España cosas como
esa serían inconjugables con optar a la presidencia.
Al final, a pesar de los desplantes del magnate, los que
parecen que solo aceptan la democracia si sale lo que ellos quieren, son los
mismos de siempre. Aquellos que injuriaban al millonario por declarar que no
aceptaría el resultado si no saliese elegido, son los mismos que ahora se
lanzan a las calles con el lema de “NO mi Presidente” generando, en muchas
ocasiones, incluso altercados violentos.
Sin embargo, no todo es oscuro. En EEUU, en una semana, la
clase política ha vuelto a enseñar al mundo, y a España, la diferencia entre un
país democrático y civilizado y otro subdesarrollado. No tanto por las palabras
de Trump, que en su discurso de victoria deseo convertirse en el Presidente de
todos y apeló al pueblo a unirse y dejar atrás los conflictos, sino por las
declaraciones de los grandes líderes del bando Demócrata ante la victoria del
Republicano.
Obama, rápido y raudo, con la elegancia que ha caracterizado
su mandato, hacía un llamamiento a Trump para proporcionarle todos los medios que
la Casa Blanca dispone para el traspaso de poderes mientras recordaba que, más
allá de Republicanos o Demócratas, todos ellos son miembros de una misma
nación, lo que hace que deban de trabajar unidos por el bien común. Hillary,
por su parte, aceptaba su derrota y la decisión del pueblo americano a la misma
vez que se ponía a disposición del candidato Republicano para lo que
necesitase. Por si fuera poco, pedía a sus votantes que le dieran una
oportunidad al nuevo Presidente electo, el Presidente de todos los
estadounidenses. Las diferencias ideológicas que pueda haber no son nada cuando
se trata del destino de la nación.
Buena nota de esta normalidad democrática podría haber
tomado Pedro Sánchez, de vacaciones por EEUU y de paso apoyando a Hillary. Lástima
que ni Clinton consiguiera salvarse de la suerte que suelen correr aquellos que
cuentan con el apoyo expreso del exsecretario.