PIGS de Pata Negra

Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España son los cinco países que a mediados de la crisis económica  sufrieron el término peyorativo por parte de la prensa inglesa que resaltaba la terrible situación económica que atravesaban, fruto del derroche y la mala previsión de los años anteriores a la Crisis Económica. Los PIGS (o PIIGS) han sido los principales causantes de la crisis de deuda soberana en la Eurozona y todos ellos han necesitado ayudas externas para evitar la quiebra del sistema de un modo u otro.
Sin embargo, la crisis económica ha ido de la mano de la crisis política. Tras los cambios de gobierno en los diferentes países,  años de ajustes y consolidación económica y fiscal, algunos indicadores macroeconómicos comienzan a despuntar.
En España, la economía crecía casi un 1% en el segundo trimestre encadenando cuatro trimestres consecutivos a ese ritmo gracias al aumento del consumo en los hogares y al repunte de la inversión. Sin embargo, no todo es bueno. Aunque el PIB se ha mantenido en un crecimiento estable desde 2013, la tasa de paro, aunque desciende, aún se sitúa en el 20% con una gran cantidad de contratos temporales como principal incentivo, y la deuda pública, que no ha parado de crecer desde el inicio de la Crisis, ha llegado ya al 100% del PIB español, cerca de tres veces más que en 2007. Todo esto se encuentra en un dificil equilibrio, ya que la falta de Gobierno o el apoyo en unos socios equivocados pueden hacer que se desande todo el camino recorrido hasta ahora.
Irlanda, por otra parte, se puede considerar como el ejemplo a seguir. Con crecimientos del 8% al año en el PIB, el país de los Leprechaun celtas vuelve a situarse a la cabeza de Europa. En cuatro años, Irlanda ha reducido su tasa de paro a la mitad, pasando de un 15,1% a un 8,5%. La parte negativa es el estancamiento de los salarios, que durante la crisis han caído alrededor de un 5%. A pesar de todo, el rápido crecimiento económico ha permitido reducir la deuda pública desde el 125% del PIB hasta el 80%, acercándose a las medidas en que la Comisión Europea sitúa una deuda sostenible.
Italia y Portugal han atravesado la Crisis prácticamente cogidos de la mano. El crecimiento del PIB es positivo pero sin llegar a los niveles de España e Irlanda, mientras que la tasa de paro está por debajo de los niveles más elevados de la crisis aunque aun ligeramente por encima del 12%. Lo peor de ambos países, sin lugar a duda, son los elevados niveles de deuda pública, que en Portugal suben al 129% y en Italia llegan al 135%.
Grecia es el ejemplo de que toda regla tiene su excepción. Sin ver el crecimiento estable desde el inicio de la crisis, tuvo un pequeño atisbo de mejoría a finales de 2014 que se vio truncado por la llegada al poder de Syritza, el “Podemos griego”. El país cuenta con una deuda pública del 177% y una tasa de desempleo del 25%. Por si fuera poco, los salarios se han desplomado más de un 17% desde el inicio de la crisis. Todo atisbo de recuperación en el país se perdió entre la lucha de Syritza contra Europa y el miedo ocasionado por sus medidas, que provocaron que en un par de meses abandonara el país más capital que durante el resto de la crisis económica, lo que hizo que el gobierno debiera imponer un corralito para evitar la quiebra absoluta del Estado. Ha día de hoy, el Gobierno Griego, tras haber adoptado medidas económicas similares a las que Podemos propugna para España, es el claro ejemplo de lo que nunca ha de hacerse. Con todos los indicadores de deuda y paro creciendo y con un PIB a la baja, se han llegado a producir 613 despidos y 59 quiebras de empresas al día, provocando que ahora, que al fin han bajado la cabeza y han aceptado la vuelta a la tutela de Europa, tengan que volver a andar todo el camino desandado, aunque esta vez, por suerte para los griegos, el efecto contagio parece más positivo que negativo.
Se hace necesario cada vez más ahondar en el proyecto federalista para Europa, que permita una estructura de hacienda y fiscal europea fuerte, que impida aventuras políticas que afecten y jueguen de tal modo con los ciudadanos de la Unión. En Italia, con el movimiento 5 estrellas, y en España, con Podemos, tendremos que llevar cuidado, pero también en Francia con el Frente Nacional y Alemania, con el auge de los partidos de extrema derecha. Todos ellos, a derecha o a izquierda, aunque llegan a ellas por diferentes vías y motivaciones, acaban defendiendo juntos las mismas ideas.
 A.C.G.

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