Un, dos, tres, vota otra vez

El día 21 de diciembre, tomándonos un respiro de la intensa campaña electoral que había vivido España desde las elecciones municipales, los españoles veíamos como había quedado conformado el nuevo parlamento y todos pensamos los mismo: ¿Y ahora qué?

Se intuían unos meses difíciles y de duras negociaciones, pero ni el más pesimista podía augurar lo que Su Majestad constató el pasado martes 26 de abril. Después de 4 meses de más campaña electoral sumergida y un montón de bailes y tontunas de corrillos estábamos condenados a repetir elecciones, con todo lo que conlleva: millones de euros en gastos de campaña, millones de euros en inversiones paralizadas, miles de puestos de trabajo perdidos por la inestabilidad económica…

Sin embargo, los culpables tienen nombre y apellidos. Como Pedro Sánchez, un hombre que haría parecer bueno a Zapatero, que desde el primer día dejó de lado al partido más votado sin ni siquiera hacer el ademán de intentar formar gobierno. Sánchez prefirió intentar pactar con Podemos antes que con cualquier otro e incluso el último día, en la última ronda de consultas, hizo el amago de traicionar a Ciudadanos por la propuesta de Compromís. Si no fuera porque aún hay gente sensata en el PSOE que le pusieron la correa a Sánchez hoy estaríamos bajo un gobierno de todos contra el PP y Cs. Aquí lo de los grandes gobiernos de consenso y reforma entre los principales partidos no gusta, no estamos tan desarrollados, nos gusta más atacarnos.

La otra cara de la moneda la encontramos en el PP. Mientras veíamos como el PSOE corría de arriba para abajo en un patético encuentro para formar gobierno, Mariano Rajoy hacía lo que mejor se le da, lo que más le hemos visto hacer en estos últimos 4 años: NADA. Aferrándose a la excusa de su propuesta de Gran Coalición se han escudado para quejarse de todo y de todos, conjurados para evitar su gobierno, cuando ni siquiera se atrevieron a presentarse a una candidatura y poner unas medidas sobre la mesa que hubieran hecho difícil justificar su no a Pedro Sánchez. Ahora cargarán contra el PSOE, el único que se atrevió a intentarlo y contra Cs por no aliarse con el partido más votado. Difícil podría aliarse Cs con el PP si estos ni siquiera se presentan.

Y ahí se acaban los culpables. Ni Cs ni Podemos, a pesar de sus buenas campañas mediáticas pintaban nada a pesar de lo que nos han hecho creer. Rivera, con sus 40 escaños, ha maniobrado durante estos 4 últimos meses y ha conseguido ser considerado como uno de los pocos que de verdad ha intentado hacer algo serio, según todas las encuestas. Además, gracias a su montaje de acuerdo con el PSOE, podrá conseguir muchos votos en las siguientes elecciones, sobre todos los de aquellos que dudaron entre estas dos formaciones y en el último segundo apostaron por lo seguro.

Podemos, por el contrario, como ya escribí hace 4 meses, lo único que ha buscado durante todo este tiempo ha sido unas nuevas elecciones. Han conseguido hacer bailar al PSOE durante 4 meses gracias al patetismo de Pedro Sánchez, dispuesto a arrastrarse y perdonar todo si con ello conseguía la presidencia. Ahora Podemos, con su objetivo conseguido, busca terminar de anexionarse a IU para formar un nuevo Frente Popular dispuesto a asaltar la Moncloa y que englobe lo mejor de la sociedad española: anarquistas, comunistas, filoetarras… es increíble la mezcolanza de ideologías, todas de extrema izquierda, que se unirán en busca del sorpasso al PSOE; aunque más preocupante, si cabe, es la legión de fanáticos seguidos que sigue aumentando a pesar de todos los actos que va realizando Iglesias conforme se va sintiendo más cómodo: pasar de hablar de medidas a la vicepresidencia, insultar a medios independientes, ensalzar a Otegui y a ETA, amenazar a los disidentes venezolanos el mismo día que se negaba a apoyar a los presos políticos que mantiene su régimen…

Ya se verá lo que pasa en unos meses, cuando los ciudadanos vuelvan a las urnas y salgan unos resultados más bien parecidos a los anteriores, y, aunque votar si es propio de las democracias, repetir elecciones por culpa de las cúpulas de viejos partidos es una abominación propia de países menos avanzados.

A.C.G.

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