El Ébole, altamente contagioso

El domingo volví a encender la tele por la noche para  ver a Jordi Évole expectante ante gracias a su última genialidad conseguida, el episodio donde hablaba sobre la violencia machista. No pude salir más defraudado al ver que el periodista había caído profundamente en lo que más le ha caracterizado en los últimos tiempos: la pura demagogia.

En su programa “Fashion Victims”, Évole compara el precio de un jersey en España, similar al sueldo de un trabajador medio camboyano ante algunos de ellos y les pregunta su parecer. Habría sido un buen punto que el periodista les hubiese dicho lo que él gana por presentar uno de sus programas mientras presume de izquierdista y solidario y les hubiera dicho “¿Qué os parece?”. Puestos a hacer demagogia siempre podemos jugar a dos bandas.

La chica camboyana no responde con satisfacción a lo que Évole pretendía, soltando con espontaneidad un “pues entonces los españoles no deben tener mucha dificultad en comprarse un jersey”. Évole trata de dirigir la entrevista al trabajo y el sufrimiento que hay detrás de cada prenda de ropa, al más puro estilo marxista y su teoría del valor, pero la trabajadora destroza el programa poniendo de manifiesto la incultura económica y la mala fe del periodista catalán: “les diría que compren muchos porque así tendríamos más trabajo y mejor sueldo”. ¡Boom! Explota la teoría marxista. O seguramente debe de ser un trabajador alineado con el sistema. No puede ser que un obrero en vez de pedir  una revolución proletaria y hacerse con el control de las fábricas lo que ruega es más fábricas y más trabajo.

Se cierra rápidamente la entrevista y pasan sucesivamente junto a música sentimental imágenes de pobreza, miseria, niños, gatos y unicornios. En eso de manipular sigue siendo bueno. Y justo después vuelve a intentar criminalizar a INDITEX y a Amancio Ortega, criticando la exportación de las fábricas a estos lugares alejados de la mano de Dios solo para conseguir unos mejores beneficios. Alguien le tendría que decir que es cierto que cada vez que Amancio Ortega abre una tienda en cualquier país del mundo se hace innombrablemente más rico, pero mejora de gran manera la vida de aquellos a los que emplea.

Alguien tendría que enseñarle al presentador que desde la caída del comunismo en aquel país y con la instauración de las fábricas de la industria textil ha aumentado exponencialmente la calidad de vida de los habitantes y se han creado los primeros sindicatos de trabajadores gracias a la industria, a la misma vez que se ha reconocido un salario mínimo nacional y los primeros derechos sociales y laborales. Bastante parecido de lo que pasó en nuestra España de hace un siglo, allí por los 1800 y 1900.

Pero qué lecciones le vamos a enseñar a un hombre que está haciendo un programa contra los grandes empresarios (el perverso capital) por el bien de la humanidad y de los que menos tienen (los valientes obreros) cuando presumiblemente en nivel de riqueza se encuentre más cerca por salario a Amancio Ortega de lo que podría llegar a estar de cualquier obrero catalán, camboyano o de donde sea.

Lecciones de humildad de una persona que deberá cobrar uno de los mejores sueldos que se pueden aspirar en nuestro país. Pero bueno, ya estamos acostumbrados a que gente de esta categoría intente dictarnos como vivir sin levantarse de sus lujosos sofás, intentando adoctrinarnos desde la televisión: Wyoming, Évole, Mejide... cada vez empiezan a abundar más payasos en nuestro circo televisivo.


Qué tiempos aquellos cuando solo era el follonero y hacía buenos y sensatos programas… ahora solo es capaz de hacer algo parecido cuando consigue dejar la política a un lado.

A.C.G.

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