Condenados a Entenderse
Tras las elecciones del 20D en nuestro país, se ha generado un mapa y un clima político inaudito hasta la fecha pero que ya se dejaba entrever tras las elecciones autonómicas del pasado mayo de 2015.
Al final, el pregonado fin del bipartidismo, tan pregonado por los nuevos partidos, no ha sido tal, ya que, aunque lejos de las anteriores legislaturas donde sobrepasaban el porcentaje del 80% de escaños en posesión entre las dos formaciones, siguen contando con un 61% del congreso de los diputados y una mayoría aplastante en el senado, con hasta un 79% de los senadores, quedándose cerca (a tan solo un 5%) de poder cambiar toda la Constitución a su gusto). Sin embargo, como todos ya sabíamos, esta situación ha obligado a todas las fuerzas de las elecciones a buscar apoyos por parte de otros grupos para poder ocupar el asiento del trono. Pese a quien pese, PP y PSOE están obligados a entenderse si no quieren verse obligados a volver a elecciones.
El PP, con un tercio del Congreso de los Diputados y mayoría absoluta en el Senado es necesario para todo aquel que desee una legislatura de cambios profundos y estructurales, tanto en el Estado como en la Constitución, ya que tiene el poder de tumbar cualquier iniciativa que no sea de su agrado en el Senado.
El PSOE, el que más poder ostenta en este tira y afloja y el que más tiene que perder con unas hipotéticas nuevas elecciones pero que, sin embargo, le está haciendo el juego al tiburón de su izquierda que ya se encuentra listo para saltar a morder. El PSOE tiene el poder de conformar con el PP un gobierno de coalición (similar al de los países desarrollados) donde podría imponerle, a cambio de su apoyo, unas políticas más similares al del PSOE o Ciudadanos que al PP y derogar todas aquellas medidas polémicas adoptadas por el anterior ejecutivo. Podría incluso llegar a pedir la cabeza de su máximo rival, algo que pocos podrían lamentar. Con un ejecutivo así se podrían realizar reformas que no solo nos afectaran a nosotros, sino a nuestros nietos, como ocurre con nuestra actual Constitución. Por el lado contrario, podría darse el famoso pacto de perdedores, uniéndose todos contra el PP y, previsiblemente, Ciudadanos. No creo que haga falta decir lo que pasaría si llegaran al Gobierno de España aquellos que no pueden pronunciar su gran nombre sin que le salte el odio visceral o que buscan abiertamente la independencia. Este gobierno no solo no tendría el poder de cambiar nada realmente importante gracias al PP, solo nos haría seguir con la tradicional serie de legislaturas donde unos aprueban todo lo que quieren mientras que los otros esperan a la siguiente para revocarlo todo sin ningún atisbo de consenso. Además, y esto más para el PSOE, prácticamente en todos los sitios donde han pactado con la formación morada en las autonómicas les han rebasado en las generales.
Ciudadanos, a pesar de su pequeño porcentaje de escaños en comparación con la de las otras tres, se hace necesaria su presencia en cualquier coalición que busque cambiar la Constitución. También puede servir, tanto a PSOE como PP para justificar ante sus votantes la llamada Gran Coalición. Que no sea una total sorpresa que Rivera sepa jugar bien sus cartas y se aúpe a un gobierno presidido por él y apoyado por los otros dos grandes como forma para evitar unas nuevas elecciones. Difícil situación que no interesa al PP de Rajoy ni al PSOE de Susana Díaz.
Podemos, por último, a pesar de su tercer puesto y de sus continuas bravatas se encuentra totalmente a merced de la decisión del PSOE, y al ser conscientes de ello no han aprovechado una sola oportunidad para lanzarse al ataque contra la formación socialista. La apuesta de Podemos es clara y tal vez la única cosa con la que coincide con un PP que cada vez va pensando más en esta posibilidad: unas nuevas elecciones. La formación morada no ha perdido ni un solo día en reivindicarse y generar polémica y titulares, a la vez que intentaba marcar el curso político gracias a la ayuda de un inútil Pedro Sánchez, con la vista puesta en las posibles nuevas elecciones de junio de este mismo año. La formación saben que podrían hacerle pagar la culpa al PSOE de esas nuevas elecciones y arrastrar algunos de sus votantes a ellos o a Ciudadanos lo que debilitaría al PSOE enormemente. Además, que nadie dude de la anexión de IU a Podemos en unas nuevas elecciones que permitirían adelantar en votos y tal vez en escaños a un PSOE cada vez más débil y sin una cabeza fuerte que marque el camino.
La pelota está en el tejado de Pedro Sánchez, al que alguien tendría que recordar que para que su propio partido no se lo cargue, además de ser Presidente también le vale ser VicePresidente. En esta vida no todo vale para gobernar.
A.C.G.
Al final, el pregonado fin del bipartidismo, tan pregonado por los nuevos partidos, no ha sido tal, ya que, aunque lejos de las anteriores legislaturas donde sobrepasaban el porcentaje del 80% de escaños en posesión entre las dos formaciones, siguen contando con un 61% del congreso de los diputados y una mayoría aplastante en el senado, con hasta un 79% de los senadores, quedándose cerca (a tan solo un 5%) de poder cambiar toda la Constitución a su gusto). Sin embargo, como todos ya sabíamos, esta situación ha obligado a todas las fuerzas de las elecciones a buscar apoyos por parte de otros grupos para poder ocupar el asiento del trono. Pese a quien pese, PP y PSOE están obligados a entenderse si no quieren verse obligados a volver a elecciones.
El PP, con un tercio del Congreso de los Diputados y mayoría absoluta en el Senado es necesario para todo aquel que desee una legislatura de cambios profundos y estructurales, tanto en el Estado como en la Constitución, ya que tiene el poder de tumbar cualquier iniciativa que no sea de su agrado en el Senado.
El PSOE, el que más poder ostenta en este tira y afloja y el que más tiene que perder con unas hipotéticas nuevas elecciones pero que, sin embargo, le está haciendo el juego al tiburón de su izquierda que ya se encuentra listo para saltar a morder. El PSOE tiene el poder de conformar con el PP un gobierno de coalición (similar al de los países desarrollados) donde podría imponerle, a cambio de su apoyo, unas políticas más similares al del PSOE o Ciudadanos que al PP y derogar todas aquellas medidas polémicas adoptadas por el anterior ejecutivo. Podría incluso llegar a pedir la cabeza de su máximo rival, algo que pocos podrían lamentar. Con un ejecutivo así se podrían realizar reformas que no solo nos afectaran a nosotros, sino a nuestros nietos, como ocurre con nuestra actual Constitución. Por el lado contrario, podría darse el famoso pacto de perdedores, uniéndose todos contra el PP y, previsiblemente, Ciudadanos. No creo que haga falta decir lo que pasaría si llegaran al Gobierno de España aquellos que no pueden pronunciar su gran nombre sin que le salte el odio visceral o que buscan abiertamente la independencia. Este gobierno no solo no tendría el poder de cambiar nada realmente importante gracias al PP, solo nos haría seguir con la tradicional serie de legislaturas donde unos aprueban todo lo que quieren mientras que los otros esperan a la siguiente para revocarlo todo sin ningún atisbo de consenso. Además, y esto más para el PSOE, prácticamente en todos los sitios donde han pactado con la formación morada en las autonómicas les han rebasado en las generales.
Ciudadanos, a pesar de su pequeño porcentaje de escaños en comparación con la de las otras tres, se hace necesaria su presencia en cualquier coalición que busque cambiar la Constitución. También puede servir, tanto a PSOE como PP para justificar ante sus votantes la llamada Gran Coalición. Que no sea una total sorpresa que Rivera sepa jugar bien sus cartas y se aúpe a un gobierno presidido por él y apoyado por los otros dos grandes como forma para evitar unas nuevas elecciones. Difícil situación que no interesa al PP de Rajoy ni al PSOE de Susana Díaz.
Podemos, por último, a pesar de su tercer puesto y de sus continuas bravatas se encuentra totalmente a merced de la decisión del PSOE, y al ser conscientes de ello no han aprovechado una sola oportunidad para lanzarse al ataque contra la formación socialista. La apuesta de Podemos es clara y tal vez la única cosa con la que coincide con un PP que cada vez va pensando más en esta posibilidad: unas nuevas elecciones. La formación morada no ha perdido ni un solo día en reivindicarse y generar polémica y titulares, a la vez que intentaba marcar el curso político gracias a la ayuda de un inútil Pedro Sánchez, con la vista puesta en las posibles nuevas elecciones de junio de este mismo año. La formación saben que podrían hacerle pagar la culpa al PSOE de esas nuevas elecciones y arrastrar algunos de sus votantes a ellos o a Ciudadanos lo que debilitaría al PSOE enormemente. Además, que nadie dude de la anexión de IU a Podemos en unas nuevas elecciones que permitirían adelantar en votos y tal vez en escaños a un PSOE cada vez más débil y sin una cabeza fuerte que marque el camino.
La pelota está en el tejado de Pedro Sánchez, al que alguien tendría que recordar que para que su propio partido no se lo cargue, además de ser Presidente también le vale ser VicePresidente. En esta vida no todo vale para gobernar.