El arte del no hacer
Inútil: dicho de todo aquello, según la RAE, que no es útil.
Algunos claros ejemplos podrían ser un cenicero para una moto, un airbag en un
avión, un espejo transparente, un diccionario con índice o una mayoría absoluta
del PP de Rajoy.
Después de unas elecciones en las que el PP llegó
presentándose como el único partido capaz de sacar adelante a España y,
emulando a San Jorge, destruir al gran dragón soberanista con una mano y frenar
la creciente verborrea de la izquierdísima española con la otra, llegó el
esperado batacazo. No era creíble que un presidente que ha demostrado
repetidamente que “el no hacer” se había convertido en su mantra, fuera a
llegar ahora para salvar España aunque fuera a sangre y fuego. El ejemplo de
estos 4 años ante el monstruo soberanista era un claro ejemplo de ello.
Rajoy, un hombre práctico según sus defensores y cobarde
según sus detractores nos dio un nuevo ejemplo de su talante en la primera
ronda de contactos de SM el Rey. Consciente de su imposibilidad de llegar al
gobierno prefirió esperar el fracaso del socialismo y sumir a España en más
meses de inestabilidad en vez de coger el toro por los cuernos para poder poner
una fecha plazo lo más pronta posible. Un buen estímulo para todos los
partidos, que aquí en la política se piensa igual que en el futbol.
Pero siempre podemos buscarle tres pies al gato. Siempre
podemos pensar que el Presidente del Gobierno tendría que estar advertido de lo
que se avecinaba tan solo unos días después. ¿Cómo se explica sino que pasara
de mantener por activa y por pasiva su disposición a presentarse para después
rechazar la propuesta del Rey? La corrupción vuelve a sacudir a la formación
azul.
Y ya resulta poco creíble lo de casos aislados. Ellos mismos
achacan esto a personas y tiran balones fuera diciendo cosas como el gran
tiempo que llevan en política y que el PSOE cuenta en su haber con mayor número
de casos y dinero defraudado. Aunque esto es cierto, no sirve para tapar la
galopante y sistemática corrupción que se ha vivido en España en general y en
Valencia y Murcia en particular. Cuando el partido no pone medios para
impedirlo es normal que proliferen los malos hierbajos. Y cuando el partido
está imputado como organización criminal es hora de pensar que algo se ha hecho
mal.
Sería tan injusto decir que todos los integrantes del PP
están corruptos como no reconocer que el partido tiene un serio problema con
eso, sobre todo en la cúpula. Resultaría inconcebible en cualquier otro país
civilizado que un político se comunicara con un imputado por corrupción y no
solo no dimitiera tras hacerse público, sino que se volviera a presentar a las
elecciones. Rajoy dice estar enfadado por todos los casos de corrupción que
surgen a su alrededor, lo que solo deja dos opciones a la gente que lo escucha:
o creer que miente, por lo que debería ya dimitir o pensar que no tenía ni
idea, lo cual a mi juicio es aún peor. Sin embargo, parece que en nuestro país
quedar como un idiota no quita tanto crédito político.
A Rajoy se le llenó la boca, y a nosotros las orejas, de
decir y oír lo del recurso al patriotismo y sentimiento de Estado hacia Pedro
Sánchez, un hombre que, aunque puede que carezca de ambos, está demostrando que
está haciendo más por España que todo lo que ha hecho el PP desde las
elecciones. Tampoco era muy difícil superar la nada.
Solo queda ya una solución para Rajoy: dimitir y dejar la
presidencia del partido a alguien más joven y con más gancho para que sepa
atraer a todos los votantes que se han ido hacia otras formaciones, un nuevo
Churchill o una Dama de Hierro que sepa reformar el partido, limpiarlo de
corrupción y sacarlo adelante. Esperemos que Rajoy no siga siendo fiel a si
mismo…
A.C.G.