Ignavos Modernos

 


“’ ¿Qué son esos suspiros, gritos y llantos que retumban en el aire sin estrellas?’, y éste le responden que ‘vienen del Antiinfierno, donde son castigadas las tristes almas que vivieron sin infamia y sin honor. Son los ignavos, almas que en vida no hicieron ni el bien ni el mal, por elección de su propia cobardía’”

Dante Alighieri, La Divina Comedia.

Al comenzar a escribir esta serie de artículos sobre violencia de género, me he sentido abocado a realizar un primer exordio mostrando mi rechazo absoluto a la violencia. ¿Cómo de envilecido se mantiene este debate al constreñirnos de tal modo para poder hablar con propiedad y salvaguardarnos de las acusaciones de apología y la quema pública? ¿Acaso no sería deseable contar con la mayor cantidad de información para enriquecernos?

Poco provecho proporciona a las víctimas esta politización de la violencia doméstica, un fenómeno tan grave como extendido mundialmente en la Historia Humana, que nos impide razonar y buscar las diversas causas de una perversión tan compleja. Conducta especialmente importante en democracia, donde los consensos establecidos nunca son un fin en sí mismos. Solo premios de la libre discusión que no deberían coartar el disenso.

Más aún cuando, existiendo el machismo y una forma de violencia condicionada por este, mí crítica (y la de cualquiera en sus cabales) se dirigirá principalmente a cómo esta circunstancia se estructura en nuestras Instituciones. Porque una cosa es que esta violencia machista exista y otra, como articulan nuestras leyes engendradas por la ideología de género, que toda forma de violencia que ejerza un hombre sobre una mujer sea machista, independientemente del contexto. Así, dentro de las cifras de mujeres asesinadas por “violencia machista” que tanto se afanan por recordarnos, encontramos casos como:

5 ejemplos causales que señalan la alevosa ceguera de nuestra administración pública, empeñada en no contemplar otra variable más allá del machismo en cualquier forma de conflicto entre un hombre y una mujer. No es de extrañar que, en su momento, la aprobación de la Ley Integral de Violencia de Género generase tantas críticas por parte de la izquierda ante la institucionalización del papel de víctima de la mujer y el desdén hacia otros factores determinantes como la estructura familiar, las toxicomanías, el alcoholismo, la precariedad económica o las enfermedades mentales. Unas críticas que desencadenaron una acertada carta abierta de personalidades como Manuela Carmena, Uxue Barkos y otras 200 mujeres poco sospechosas de su comunión con los “poderes fascistas”.

Hoy, por desgracia, solo Vox presenta un discurso contrario a una Ley sexista que juzga por naturalezas, en lugar de actos. Una Ley aprobada por unanimidad en 2005 que, por primera vez desde 1837, vuelve a instaurar las jurisdicciones especiales del Antiguo Régimen. Una ley en flagrante violación del artículo 14 de nuestra Constitución y que, como ha reconocido Alfonso Guerra, tan solo consiguió ser avalada por el Tribunal Constitucional tras fuertes y constantes presiones institucionales y mediáticas.

Una Ley que sostiene un discurso propio de un régimen político totalitario, destinado a crear una visión falsa y maniquea del mundo con el objeto de alienar a la sociedad y a la opinión pública. Poco tiene que envidiar este mensaje del antiguo “Catecismo nacional católico” de nuestros abuelos.

Bajo el paraguas de la superioridad moral de la defensa de las mujeres, se está legislando directamente contra otros colectivos, utilizando la idea de igualdad como un caballo de Troya que vulnera nuestros derechos humanos y jurídicos. El fin justifica los medios, y bajo esta premisa, continúan acometiéndose atrocidades jurídicas y sociales.

Porque ya nada se libra de esta religión de género. Desde 2005 se ha practicado una movilización sin precedentes que implica a la totalidad del Estado, organismos públicos y medios de comunicación de manera tan intensa que se ha convertido en un principio análogo al deber de neutralidad institucional. A las disposiciones legales y administrativas, le han sucedido una infinidad de programas financiados con dinero público, muchos de ellos dirigidos a la formación “en igualdad” de funcionarios públicos y trabajadores privados. Difícil encontrar un adoctrinamiento previo tan intenso en la ideología del Gobierno. Pocos se atreven a cuestionarla. Cada vez menos a generar alternativas. Ni hablar de denunciarla.

Con su popularización y rendimiento económico, han aparecido los comisarios de género que promueven un cerco inquisitorial, con sus herejes y blasfemos. En base a sus mentiras se han popularizado en nuestras universidades las carreras y estudios “de género”, basados en dogmas, liturgias, evangelios, canonizaciones y jerarcas. La paradoja que genera la incompatibilidad de considerar que el sexo es un “constructo social” con la misma existencia de la violencia de género, no es óbice para obtener la formación requerida para elaborar los Planes de Igualdad de empresas e instituciones de acuerdo a la Ley de Igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Y todas nuestras taifas, por supuesto, tienen su propia réplica autonómica pepera, nacionalista o socialista.

Es difícil exagerar el tamaño del pastel y a lo mucho a lo que aspiran. Y no solo está el Plan Estratégico de Igualdad de 20.000 millones del Ministerio de Igualdad. En la nueva  ley de ciencia se introduce la obligación de incorporar personal de igualdad de género en todo equipo de investigación público o universitario. Las cuotas de género llegarán a todo órgano de evaluación. Cualquier nueva ley económica deberá estar acompañada de un informe sobre su impacto de género. Se instala el deber de usar el lenguaje inclusivo bajo la amenaza de sanción contra quienes no respeten los dictados del catecismo. O la nueva obligatoriedad para las empresas de más de 50 trabajadores para registrar sus Planes de Igualdad, donde tan solo un 17% de cumplidoras podrán esquivar las multas de hasta 250.000 euros. Juzgar si no es cada día más necesario incorporar a nuevos acólitos de la flamante iglesia.

Toda res pública con capacidad de acceso al presupuesto público ha sido contaminada de este circo, que beneficia a pocos y nos perjudica a todos. Amparados en una falacia, la distinción de la violencia machista como un acto especial y diferenciado por sí misma, han convertido a España en un país de castas. Un país, donde ya hay más de 400 leyes, normas y directivas que discriminan al hombre por razón de su género.

Todo por un embuste fácilmente desmontable, pues es imposible distinguir la violencia doméstica sin conocer el sexo de la víctima. Es decir, no existe una violencia específica y clara que pueda distinguirse de otras formas de violencia, tal y como afirma la Ley de VG con su derecho penal de autor. Y si alguien duda de una verdad tan evidente, le propongo un pequeño reto: que sea capaz de discernir, de forma razonada, la violencia machista de estos 11 casos clínicos reales donde no se indica el sexo del agresor y la víctima. Si de verdad la violencia de género, como afirman sus sacerdotes, es diferenciable y específicamente enjuiciable, no les será demasiado complicado resolverlo…

  • Caso 1: J de 46 años, se encontraba en proceso de divorcio de su pareja H, que ya había recibido una denuncia por agresiones verbales de parte de J. después de ser archivada esta causa y de ser considerado por las autoridades como un asunto de bajo riesgo, en el marco de una discusión, H acabó asestando 4 puñaladas a J y se dio a la fuga. Siendo esta persona detenida al poco tiempo por la policía después de provocar un accidente en el que salieron heridas otras dos personas.
  • Caso 2: H de 66 años vive con su pareja S, de 45, que era alguien con afición al boxeo, con una conducta agresiva y adicción a la cocaína y alcohol. H había pedido ayuda en muchas ocasiones a sus vecinos y había denunciado a las autoridades a S ya que le propinaba fuertes palizas de forma asidua. Una noche tras una escena de gritos, drogas y violencia, S acabó con la vida de H tras propinarle 25 puñaladas.
  • Caso 3: Y agredió a su pareja X y la arrojó contra una mesa y le dijo “antes de que me dejes te mato yo, yo decido cuando vas a vivir o morir”, entonces la víctima agredida le dijo que la relación había terminado y que recogiese sus cosas… en ese momento Y pegó fuego a las ropas de la cama y a la casa y se marchó a tomar una copa al bar.
  • Caso 4: Z, que es pareja de W, es descrita por sus conocidos como una persona violenta, de carácter fuerte y muchos celos. Tras una discusión con W motivada porque W todavía se veía con su expareja, W anuncia su intención de marcharse del piso. Finalmente, W decide quedarse en la casa y esa noche Z apuñala a W más de 30 veces. Después llama a su madre y confiesa que “o era para mí o no era para nadie”.
  • Caso 5: J de 80 años asesina a su pareja M de la misma edad que padecía Alzheimer. Después escribe una carta pidiendo perdón a sus hijos y se suicida tirándose por la ventana.
  • Caso 6: V, conocedor de que su pareja es infiel con otra persona desde hacia meses y sabiendo la identidad del amante, al verlos juntos, se abalanza sobre ellos y rocía con gasolina el cuerpo del amante para después prenderle fuego. Esta persona finalmente fallece en el hospital por las quemaduras. V reconoce que sufrió un ataque de celos.
  • Caso 7: M vive con su pareja de los últimos 2 años, S, junto con dos niños adoptados y dos niños biológicos. A pesar de ser un hogar de 6 personas, la familia no tenía problemas económicos. Dicen familiares de M que S controlaba a su pareja y presentaba un importante cuadro de celos. Cuando M intenta acabar con la relación S dispara 10 veces a M.
  • Caso 8: T de 40 años, había dejado de vivir con su pareja L debido a la violencia física y abuso de drogas de L. L además tenía una historia de delitos violentos fuera del hogar con una condena por un asesinato previo. T había sido víctima de lesiones por parte de L con anterioridad. L presentaba una conducta controladora y celosa y había amenazado con suicidarse si T finalizaba la relación. Un día, tras una intoxicación con cocaína, y después de acusar de infidelidad a su pareja, L asesina a T.
  • Caso 9: J de 54 años tenía un matrimonio con B de 55 desde hacía 14 años. Según J, B tendría unos celos enfermizos. J recibió su primera paliza a base de puñetazos y golpes con un trozo de madera por parte de B tras recibir un mensaje de una tercera persona. B le revisaba todas las conversaciones del móvil y si J hablaba con otras personas B siempre sospechaba que mantenía relaciones con estas. Tras una fuerte discusión en la que J dejó claro que quería el divorcio, mientras dormía B le roció la cara con sosa cáustica.
  • Caso 10: P de 57 años vivía con su pareja A de 53. Tras 10 años de palizas y de amenazas de muerte que habían sido denunciadas en numerosas ocasiones por parte de los vecinos, A, en un fuerte estado de embriaguez, le acabó propinando una puñalada mortal en el corazón a P, después salió al rellano para avisar a gritos a sus vecinos de que había asesinado a su pareja y que ya podían llamar al 112.
  • Caso 11: B, de 30 años, tras una discusión por celos con su pareja X, algo que se produjo después de que acudiese a una fiesta, le asesta 10 puñaladas tras un intento de estrangulación, llama a la policía y amenaza con suicidarse. Dicho autor del crimen tenía antecedentes ya que en el pasado había causado un incendio forestal tras una discusión con su pareja.


A.C.G.

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