Arcane y lo Woke
"Yo seré el próximo sultán de Ágrabah"
Jasmine y Jafar, Aladdin 2019.
Desde la conversión total del planeta Hollywood
al postmodernismo más puro, no son pocas las críticas que ha recibido la “Ciudad
de las Estrellas”, y las grandes plataformas Streaming, por la asimilación
e institucionalización de la ideología “Woke” dentro de sus producciones
cinematográficas. Esto se ha podido ver, sobre todo, en la renovación o
readaptación de numerosas películas de las más importantes sagas del séptimo
arte, alejando de franquicias emblemáticas a sus antiguos seguidores tras la
inclusión del nuevo trasfondo político.
Y es que, tras los cambios que ha impuesto la
Academia como requisito indisoluble para la obtención de reconocimientos, y
subvenciones, todas las nuevas creaciones deberán introducir personajes de
todas las etnias y minorías inimaginables para dotar de referentes a todas las
capas olvidadas de la población. Nada más que una falsa capa de pedagogía y
moralismo que esconde un identitarismo tóxico.
Se puede ver el mérito de mostrar un
espectáculo con un elenco más variado en orígenes y motivaciones, no creo que
haya mucha gente racional que rechace una mayor diversidad, sin embargo, los
desacuerdos son profundos sobre cómo debería ejecutarse.
Dejando al margen lo nocivo que resulta una
imposición para cualquier producto artístico (tal vez esta censura, y el
revisionismo del pasado que caracteriza al pensamiento Woke, tenga un poco de
culpa sobre la tan cacareada falta de ideas que asola el cine), la nueva
ideología posmodernista busca, de forma confesa, limitar para cada individuo los
referentes e ídolos morales a aquellos pertenecientes a sus características
raciales, acotando nuestras posibilidades a pequeñas tribus identitarias, mientras
amenaza a los disconformes con acusaciones de apropiación cultural. Esto ha
provocado que muchos de los nuevos personajes de estas minorías hayan levantado
cruentos debates y controversias, enfrentándose al reparo de la audiencia,
circunstancias totalmente impensables para muchos viejos iconos culturales, indiferentes
a su condición étnica, sexual o genital. El progreso lo llaman.
Que se lo digan a Blade o a la teniente Ripley
El normal hastío con el que son recibidos los
nuevos “personajes empoderados”, refleja esta primacía de las
identidades en cualquier producto moderno. Por ejemplo, en el nuevo comic sobre
el Capitán América gay que distribuirá Marvel, no importa ni su historia, arco
o contexto, ni las cualidades que lo convierten en un héroe. Lo único
relevante, y así lo manifiesta su publicidad y marketing, es su identidad
homosexual. Este disgusto se traslada también al actual uso maniqueísta de
personajes antiguos, utilizados como abanderados de cuestiones morales para los
que nunca fueron ideados.
Y si esto es verdad, ¿por qué el abrumador éxito
de Arcane, una obra que valida todos los principios Woke relativos a diversidad
e identidad?
El argumento no es precisamente original; una
historia madura con un trasfondo político de crítica social, que nos habla de
las clásicas rivalidades de clase (características de los ambientes distópicos
del ciberpunk) entre dos ciudades imbricadas por cuestiones mágicas y arcanas hasta
el extremo dividir, incluso, a familias y amigos. Sin embargo, ya sea porque su
guion se redactó hace más de 6 años, o la productora Riot Games es propiedad de
la tecnológica china Tencent, la implementación resulta totalmente distinta a
lo acostumbrado.
El elenco de Arcane cumple a la perfección con
la representación de todos los estándares de razas y géneros humanos, incluso superándolos
(¡Bienvenido profesor Heimerdinger!). Sin embargo, es clave fundamental que
ninguna sus características raciales o sexuales importan lo más mínimo. Todos
ellos son seres complejos que evolucionan más allá de sus identidades, lo que
redunda en la profundidad de la historia. Y eso sin necesidad de forzar la
inclusión de personajes fluidos o racializados de la nada.
Negra, mujer, lesbiana… seguro que por eso
Enrique VIII mandó decapitarla
Así, son sus elecciones, y no sus aleatorios
rasgos superficiales, los que los definen. Silco no es el principal antagonista
simplemente porque es un hombre blanco, y Vi no es la principal heroína por ser
una mujer fuerte y, posiblemente, no heterosexual. Obviamente, parte de su
comportamiento jamás podrá escapar de estas cuestiones, pero están tan bien
escritos que ninguna es determinante para definir y explicar quiénes son los
personajes.
Puede que en el primer episodio nuestros
tribales resortes internos nos hagan identificarnos con los personajes que más
se nos asemejen, pero esta tendencia natural se diluye fácilmente conforme sus carismáticas
personalidades grises, repletas de matices, les hacen pelear contra sus
demonios internos, combatir sus miedos e inseguridades y tomar decisiones en
base a sus creencias y sentimientos. Tampoco es baladí señalar que todos estos
personajes fueron diseñados así, en su diversidad, desde el principio, lo que
elimina las disonancias ante la audiencia, facilitando su aceptación e
integración.
Los pelirrojos, la nueva minoría oprimida y ocultada
del cine
Si el objetivo de la película no se basa
específicamente en los problemas que un personaje de determinada identidad debe
de afrontar, es sorprendente como los directores de muchas series y películas,
nuevas o adaptadas, continúan porfiando en dichos argumentos. Asombra incluso todavía
más el desprecio con el que muchos de ellos culpan a los mismos fans de sus
fracasos en taquilla, tras intentar atraerlos con historias destinadas a
públicos muy distintos.
Aunque es cierto que un género no debe cerrarse
a ninguna temática específica, deberían haber aprendido que, normalmente, la
mayoría de los consumidores que se congrega para ver la nueva película “palomitera”
de ciencia ficción o de fantasía repleta de efectos especiales, no acuden con
la esperanza de contemplar una fascinante historia sobre interseccionalidad.
Junto a la nueva He-Man o el Live Action de
Cowboy Bebop, sus creadores afirman que son perfectas, pero el público es
demasiado misógino o racista para apreciar tales obras maestras
En Arcane,
como hemos visto, sus protagonistas se escapan de la nueva tendencia en la que
los personajes no deben de forjar su carácter, sino que este viene previamente
definido debido a su pertenencia a determinada minoría. Además, como
normalmente son las minorías consideradas históricamente oprimidas quienes cada
vez más reciben los papeles protagónicos, parece implícito que deben recibir de
forma inherente muchas de las habilidades, cualidades y atributos que, en
circunstancias normales, a los héroes les costaría bastante conseguir.
Este ennoblecimiento de los rasgos identitarios
identificados como propios de “oprimidos”, frente al desprecio y la
criminalización de los considerados propios de “privilegiados opresores”,
ha acabado degenerando en un culto a la víctima cuya principal consecuencia es
la supresión del conocido “camino del héroe”. El trabajo, el esfuerzo o
la competición son superfluos para ellos, pues su propia cualidad de “víctima”
es un atajo directo hacia atributos injustamente desposeídos. Y esto los hace
aburridos.
Luke, Han Solo y Leia continúan siendo el
principal atractivo de la nueva trilogía ante la Mary Sue de turno
Pero si la raza es importante para el mundo
Woke, más aún lo es el género para el postmodernismo. Las dos protagonistas
principales de Arcane son féminas y ambas son impresionantes. Sin embargo, no
se llevan el aplauso y el cariño del público porque sean fuertes (sobre todo
físicamente). Lo que nos lleva a seguirlas con intereses es ver como consiguen
esquivar los puñetazos que, literalmente, les ofrece la vida, sin suavizarlos
bajo ningún concepto, permitiéndoles estar defectuosas y rotas, lo que las hace
mucho más que solamente mujeres fuertes.
Su poder proviene de sus experiencias, de sus
decisiones y traumas del pasado. Vi podrá aparentar ser carismática, implacable
y decidida, pero también es sensible, insegura y vulnerable. Jinx representa el
oscuro reflejo de la esquizofrenia, atormentada por las alucinaciones y
susurros que pueblan su mente, que apagan su inocencia bajo una máscara macabra,
pero dentro de ella todavía existe una insegura e inocente Powder deseando ser
rescatada de los monstruos que la acechan. En este momento la audiencia
empatiza con ellas, no porque son mujeres, sino porque se sienten como
verdaderos seres humanos.
La razón por la que Batman o John MacClane son
aclamados por crítica y público no es porque son blancos y heterosexuales. Sus
rasgos identitarios no salvaron del fracaso a una infinidad de personajes. Lo
que los hace interesantes son sus historias y elecciones, el por qué uno decide
convertirse en un vengador enmascarado y otro recorre descalzo entre cristales
un edificio asaltado por terroristas.
Las protagonistas de Arcane nos alcanzan porque
las vemos rotas en el suelo, y aún así continúan luchando para levantarse de
nuevo, persiguiendo sus objetivos y preocupándose por su gente. No son recortes
de cartón sin emociones. La perfecta distinción entre poder femenino frente a
empoderamiento feminista.
Puede ser Batwoman. También Lex Luthor tras
ponerse su nueva servoarmadura antes de intentar acabar con Superman
Resulta curioso ver qué tipos de personajes
femeninos cinematográficos se están convirtiendo en auténticos iconos del
feminismo actual. Muchas de estas mujeres “empoderadas” parecen
necesitar de forma constante, irónicamente, la validación del espectador como
libres y poderosas. No es raro tampoco que la forma de demostrar su fuerza las
encamine a propósitos más que cuestionables. En el Live Action de Aladdin, para
manifestar el feminismo de Jasmine esta quería ser Sultán. Alejados de la
crítica social y el contexto externo, tan solo nos quedan un personaje cuya
principal motivación está más próxima a la de un villano medio (como Jafar) que
a un héroe promedio: alcanzar el poder.
Tampoco
es difícil encontrar muchos nuevos personajes femeninos que circulan entre el
enfado y el resentimiento hacia los hombres, cuyas participaciones suelen estar
reducidas a villanos, casi meros obstáculos a batir, o a completos idiotas
incapaces de pensar con lo de arriba cuando se activa lo de abajo. Esta alienación
de la mitad de la audiencia no solo dificulta la inmersión en la historia, sino
que acaba generando héroes admirados por sus componentes sexistas o racistas en
películas del siglo XXI.
¿Qué mejor manera de demostrar que las mujeres
no son complementos tontos e inútiles que volviendo a los hombres complementos
tontos e inútiles?
En
Arcane los hombres y mujeres luchan y aman por culpa de sus diferentes
filosofías e ideologías, y el drama para la audiencia viene de conocer,
comprender, e incluso apoyar, ambos lados del conflicto. Ninguno de los personajes
tiene características que sugieran que son buenos o malos simplemente por su
identidad. Todos tienen complejos sistemas de creencias arraigados en sus
historias personales, perspectivas únicas que nos informan sobre quienes son y
los hacen interesantes y divertidos de ver.
Un contraste así es abismal frente a figuras
acotadas simplemente por el aleatorio hecho de sus identidades, sujetas y
moldeadas de forma indisoluble a ellas, sin importar sus historias
individuales. Personajes cuyos triunfos les llegan, simplemente, porque se los
merecen y que, por supuesto, no tienen absolutamente nada que demostrarnos.
Esto genera, evidentemente, personajes planos, aburridos y distantes.
Un cartón sin emociones… ¿se refiere a su rival
o al género masculino en general?
No se puede juzgar que una película sea buena o
mala simplemente por cumplir, o no, con los impositivos estándares de la
diversidad actual. La audiencia acude en masa hacia los personajes que nos
hacen sentir bien o con los que podemos identificarnos emocionalmente, no
físicamente. Que los personajes busquen hacernos sentir peor, como si
deberíamos ser mejores personas, o avergonzados por haber nacido con los rasgos
equivocados, no es una experiencia agradable para la mayoría.
Estos no son los Spiderman que estáis buscando
Y el público, al final del día, será el único
ente soberano que juzgue la viabilidad del trabajo realizado.
A.C.G.









