En Misa y Repicando

Meses pidiendo a los líderes de Podemos que reconocieran la existencia de presos políticos, represión y falta de libertad en Venezuela y ahora resulta que los de Iglesias han acabado encontrándolos, al fin, en España. Nada menos. El nuevo mantra fue dispuesto por el líder de forma precisa y se ha acabado convirtiendo, como es habitual, en dogma del partido, resbalando insidiosamente en esa línea semántica que separa los “presos políticos” de los “políticos presos”.

Ahora comprobamos cómo de falsa era su supuesta equidistancia. Cuando los independentistas pasaron a rodillo a la oposición y derogaron la Constitución y el Estatut en Cataluña, Iglesias guardó silencio, pero es ahora, en el momento en que empiezan a notarse los efectos de las leyes, cuando las acusaciones vuelan hacia el Gobierno. Bien acostumbra Pablo a aprovechar cualquier ocasión para deslegitimar a las instituciones y la democracia, por lo que el desafío secesionista no iba a ser menos. Podemos no desconoce que quien trata de forzar una secesión unilateral privando a una minoría parlamentaria de sus derechos y libertades no es el PP, sino el Govern conformado por CiU, ERC y la CUP, raudos en su huida antidemocrática hacia delante.

Sin embargo, los de Iglesias se niegan a pedir responsabilidades a los golpistas, siquiera una demanda de legalidad, mientras hacen recaer toda la culpa en el Gobierno del PP. A pesar de todas las ilegalidades y de las resoluciones del TC, el único que parece que debe dar marcha atrás es Rajoy y el Gobierno Central, ordenando a los jueces cesar su actividad cerrando por la fuerza todas las investigaciones. Un claro ejemplo de lo que es para ellos la separación de poderes. Persiguiendo tumbar el régimen e incapaces de ganar en votos, buscan una nueva estrategia: el desmembramiento del Estado para herir de muerte al sistema. Los viejos internacionalistas se devienen en nacionalistas para conseguir ensanchar la vieja grieta de nuestra democracia.

Pirómanos, corruptos y franquistas (sí, franquistas, aún a día de hoy) son los apelativos que merecen los ministros del PP según Iglesias. Siempre me resultará curioso cómo nos pasamos todo el día hablando de una extrema derecha que, por fortuna, no existe ni política ni electoralmente, obviando una extrema izquierda autoritaria que, por desgracia, sí que existe política, social y electoralmente. La creación de una asamblea extraordinaria de representantes del pueblo inventada por Podemos recuerda demasiado a los viejos Soviets o a la Asamblea de Maduro. Parece que el Congreso no les satisface. Es lo que tiene no disfrutar de su control absoluto. Naturalmente los representantes del PP y Cs no han sido invitados, no vaya a ser que puedan obtener una potestad mayor que los portavoces del pueblo. 

La incógnita, como de costumbre, sigue siendo de qué lado se decantará el PSOE, capaz de apoyar de palabra al Gobierno y tumbar una resolución a favor del Poder Judicial en un mismo día. La apelación al diálogo y la negociación es el último mantra retórico al que se aferran a medida que se va desmadrando el Show de Truman en que se está convirtiendo el 1-O. El buenismo obliga a repetir la salmodia como si la sola invocación obrase milagros, pero nunca puede haber verdadero diálogo si el resultado final no está abierto, sino predeterminado por el chantaje del secesionismo ilegal. La legalidad democrática está por encima de política, opiniones y emociones. Democracia, legalidad y legitimidad son conceptos indisolubles.

Tampoco es fácil negociar con sus representantes. El nacionalismo supremacista xenófobo, que algunos aún confunden con progresista, ha sido capaz de repudiar a personalidades de la talla de Serrat, su nuevo símbolo fascista. Si incluso Serrat es marginado, ¿qué libertad de opinión o negociación cabe para los disidentes? El PSOE se alarma ante la persecución de los hijos de sus alcaldes botiflers pero sigue manteniendo en el puesto a Colau y al resto de regidores populistas, incapaces de abandonar el poder que mantienen gracias a ellos… o de decidirse a tomar partido.

Se equivocan. Lo que define a una democracia no es el derecho al voto o el mantenimiento en el poder de la opción mayoritaria, sino que esta no pueda saltarse la ley impunemente ni hacer su voluntad aplastando al resto de minorías. Por si fuera poco ¿qué van a negociar?, ¿la impunidad de los agresores? ¿de los golpistas? ¿de la sedición?. Parece sensato desconfiar de esta corriente que ha aparecido y que ofrece diálogo al margen de la legalidad. No es diálogo, es complicidad. El diálogo no es una alternativa al cumplimiento de la Ley. Plantearlo como disyuntiva es ruin.

El eterno error cometido con los nacionalistas de “Algo habrá que darles” para que se vayan calmando. La misma política de los últimos 40 años y el problema se recrudece cada vez más. Concederles más poder en un intento de desenganchar al yonqui dándole heroína. El ejemplo claro se ve ahora en el Congreso, donde los parlamentarios elogian la moderación y contribución a la estabilidad del PNV. Exactamente igual que se hablaba de CiU, y ya vemos a donde nos ha llevado.

Mientras, el Gobierno de Rajoy lo único que ha articulado hasta el momento es una pobre declaración extraordinaria. Nunca unos cuantos delincuentes sin armas han atacado con tanto éxito a las fuerzas del orden legal y legítimo, dejando desamparados a todos los que aun respetan la legalidad y la democracia. Que un secretario judicial tenga que hacer su trabajo con pasamontañas es la mejor prueba del ambiente de democracia y libertad que vive Cataluña. O las persecuciones de agentes del orden, y sus hijos, hasta las mismas puertas de sus casas, retransmitidas, eso sí, en directo por las fuerzas revolucionarias de la CUP siempre dispuestas a denunciar la represión y la dictadura del malvado Estado Central opresor.

Lo malo es que el Estado hace tiempo que desapareció de Cataluña siguiendo la viciosa hipótesis de que su mera existencia significaba crear una fábrica de independentistas, permitiendo a los golpistas copar las instituciones, las televisiones y las escuelas. El efecto de la retirada lo vemos en las caras de los estudiantes que gritan con la cara desencajada las consignas contra la prensa española, esputado esto último como un insulto, mientras jalean a reporteros de TV3 que saltan sobre los coches arrebatados a la Guardia Civil siguiendo los dictámenes de sus democracia pluscuamperfecta: solo ellos deciden, solo ellos organizan, solo ellos votan y solo ellos cuentan los votos.

Viejo invento usado por CiU para desviar la vista de una corrupción que ya toca a Puigdemont, canalizando todas las energías en una sola dirección, haciendo prevalecer la emotividad frente al raciocino. Miedo da un pueblo que aparta la sensatez y la convivencia por la visceralidad del nacionalismo xenófobo. Pronto las acciones podrán sustituir a las palabras. La violencia es el siguiente paso que algunos buscan. No sería la primera vez y siempre hay alguien que obtiene buen rédito de ello. No hay más que echar un vistazo a la historia. Es nuestra labor que en ningún caso el independentismo, ni sus comparsas, ganen tras el pulso ilegal. Y recordad que los que apoyan ahora las manifestaciones porque son pacíficas no dudaran en hacer lo mismo cuando dejen de serlo. 

A.C.G.

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