Paz para nuestro Tiempo

Un nuevo atentado, esta vez en Barcelona. Otra vez dolor, miedo y víctimas inocentes. Porque las víctimas del terrorismo son siempre inocentes y los asesinos, siempre culpables. Culpables sin paliativos, sin misericordia. Víctimas aleatorias, sin distinción de edad, sexo o condición pues su muerte solo es un instrumento destinado a generar temor entre la población e intentar doblegarnos. Ellos, los malos, están visceral y radicalmente unidos. Nosotros, los buenos, aún nos miramos de reojo.

Saben que habrá una parte de los occidentales que defenderán que esa persona asesinó porque era un inadaptado, sin educación ni valores. O que era un loco, un caso aislado. Los terroristas conocen esta debilidad de Occidente, tan falsa y dañina. Pero el asesino no actúa por falta de trabajo, de otra manera tendríamos en España tres millones de potenciales candidatos susceptibles de ser terroristas. Otros, los buenistas, lo achacaran a las costumbres occidentales y demandaran una rebaja de las mismas para fomentar el multiculturalismo mientras pedimos perdón por la actuación de Europa en Oriente Medio desde las Cruzadas. Incluso pedirán que Israel desaparezca para apaciguarlos, como si para ellos fuera una cuestión de territorio y no de dominación religiosa.

No es culpa de Occidente. El terrorista mata porque quiere, pero los occidentales no lo creen mayoritariamente así. Sus videos no aluden a las cruzadas o a la falta de integración. Hablan de sumisión al Islam, de una declaración de guerra. Atacan, leyendo a Gramsci, las “líneas débiles” de la sociedad para convertir los sitios de confort en lugares de terror a semejanza de la “lucha armada” que nació de la izquierda en los años 60 y que aquí representó ETA. Es el terror puro. Crearnos un miedo de tal magnitud que nos empuje a ceder y bajar los brazos, generando la división sobre la unidad de acción. Para ello, al estilo gramsciano, utilizan todos los mecanismos que nuestra sociedad les ofrece. Para ello, el multiculturalismo es clave. El buenismo permite el paso, organización y acción de los terroristas.

El multiculturalismo es la filosofía de que todas las culturas son moralmente válidas, y que ninguna tiene el derecho de imponerle sus valores a otra, pero sin aclarar como cada cultura conduce a resultados tan dispares. Así que, si alguien llega a nuestro país escapando del suyo buscando disfrutar de nuestras libertades, no se le debe obligar a aprender y aceptar los principios y costumbres en que se basan esas libertades, sino que hay que permitirle mantener la religion y costumbres que provocaron que tuviera que huir de su lugar de origen. Este sistema permite evitar el chovinismo cultural que implicaría la asimilación y en cambio te permite regocijarte en tu propia tolerancia y amplitud de miras.

El multiculturalismo se sostiene en la fiable filosofía del relativismo moral que afirma que nada es del todo correcto ni equivocado… excepto la idea de que nada es del todo correcto ni equivocado. Como escribió Shakespeare: “Nada es bueno ni malo: es el pensamiento lo que hace que lo sea”. Bonita y reivindicativa cita salvo que el escritor puso esas palabras en boca de Hamlet, quien fingía estar loco al pronunciarlas. Entendía que el relativismo moral no solo es una locura, es una locura fingida, porque nadie está tan chalado como para creérselo de verdad.

Muchos de ellos, quizá no mayoría pero sí un numero considerable, no condenan estas gestas bélicas islamistas. El avance del Islam por Europa lo celebrar todos ya que el sometimiento a Alá hace mejores a los seres humanos. Solo nos quieren imponer lo mejor. España, desgastada por el buenismo y el relativismo, no tiene idea, creencia ni pensamiento capaz de movilizar para resistir y frenar la expansión de las leyes de Alá. Y alarmante es la complicidad de la izquierda. Podemos, una vez más, prefiere mantenerse de perfil contra el yihadismo, situándose únicamente como observador del Pacto Antiterrorista. Contra el terrorismo te unes y luchas, no observas. Deleznable es también la dejadez y laxitud del Gobierno que permite a la formación participar en las reuniones, comparecer ante los medios y hacerse la foto junto a los firmantes, creando el espejismo de que participan en la lucha contra el terrorismo.

Decir que los ataques terroristas son cometidos por musulmanes casi sin excepción no se llama islamofobia, se llama verdad, y “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”. Pero lo que da más miedo no es el atentado, sino el lavado de cara que ciertos medios están dando a los terroristas, pintándolos como víctimas. Era, tristemente, esperable la feroz campaña anti-islamofobia que se ha desatado y previsible que los mismos que aplaudían las viñetas de odio hacia la Iglesia o las amenazantes pintadas en sus muros se posicionen ahora como paladines de la tolerancia. Pero inimaginable que la prensa pudiera tratar infinitamente mejor a los yihadistas que a un político corrupto. No eran jóvenes integrados, ni buenos chicos, ni vecinos educados. Si me permitís el improperio, eran unos hijos de puta.

En algunas televisiones se habla con más odio de un sacerdote crítico con Colau que de los terroristas. Les escuece más un cura criticándoles que 98 mezquitas salafistas incitando al odio. Tampoco esperéis responsabilidades políticas por parte de quien rechazo instalar bolardos. Tampoco que nadie la demande como en 2004. Tal vez deberíamos hacer como Inglaterra y empezar a controlar el alquiler de furgonetas pues parece que el control de las mezquitas o la inmigración no es una opción.

Somos débiles y ellos saben que lo somos. Y se aprovechan, es lógico. La ausencia de valores comunes y el silencio de los indiferentes son los verdaderos aliados de los enemigos de la libertad. Y se grita que no hay miedo. Claro; miedo solo tiene quien posee la voluntad de oponerse. El mejor homenaje a las víctimas es recordar, cada día, que todas ellas son inocentes. Y ellos, los terroristas, los que actúan, los que protegen, los que minimizan, los que buscan explicaciones… todos son culpables. Hay que derrotarlos, y derrotar no es comprender o dialogar.

Otros entes oficiales están más ocupados criticando el racismo que supone que la policía describa el color de la piel del sospechoso huido. Discutiendo lo más esperpénticos detalles del sexo de los ángeles mientras se niegan a ver la guerra que se acerca. Lo que el reaccionario dice nunca interesa a nadie. Ni cuando lo dice, porque parece absurdo, ni al cabo de unos años, porque parece obvio. Que disfruten de la paz de su tiempo, pues eligieron el deshonor y tendrán la guerra. Regresen a sus casas y duerman bien tranquilos. 

A.C.G.

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