Algo Huele a Podrido en Genova

El Caso Andratx, el Caso Arena, el Caso Baltar, el Caso Bankia, el Caso Biblioteca, el Caso Bitel, el Caso Blesa, el Caso Bomsai, el Caso Bon Sosec, el Caso Brugal, el Caso Bárcenas, el Caso Caballo de Troya, el Caso CAM, el Caso Camps, el Caso Campeón, el Caso Carioca, el Caso Cementerio, el Caso Conde Roa, el Caso de la Construcción de Burgos, el Caso Cooperación, el Caso Ciudad de Golf, el Caso Guateque, el Caso Gurtel, el Caso Hugel, el Caso Ibatur, el Caso Lasarte, el Caso Liber, el Caso LifeBlood, el Caso Madeja, el Caso Naseiro, el Caso Noos, el Caso Orquesta, el Caso Over Marqueting, el Caso Palma Arena, el Caso Parques Eólicos, el Caso Patos, el Caso Piscina, el Caso Pitusa, el Caso Rato, el Caso Salmón, el Caso Scala, el Caso Terra Natura, el Caso Torres de Calatrava, el Caso Tótem, el Caso Troya, el Caso Turismo Joven, el Caso Túnel del Soller, el Caso Umbra, el Caso Zamora, el Caso Zeta…

El Caso Lezo tan solo es el último que viene a sumarse al particular pasapalabra de la corrupción que ha ido conformando el PP en los últimos años. El terremoto político consiguiente ha terminado por descabalgar a Esperanza Aguirre, la última voz crítica al Gobierno de Rajoy dentro del propio partido. A quien parece que no se conseguirá mover es al propio Presidente.

Rajoy, al igual que con el Caso Murcia de hace algunas semanas, ha vuelto a ponerse de perfil. Incombustible, no le consta la maraña de cuerpos de antiguos compañeros ni el hedor a corrupción que amenaza con entrar en su mismo despacho. En los últimos años, los casos aislados han crecido tanto que se dan codazos a la hora de salir por la puerta del partido para encaminarse a los Juzgados.

Los casos se acumulan y las casas de apuestas ya permiten jugarse cuantos días pasarán hasta que se descubra el siguiente. Difícil seguir defendiendo la puntualidad de unos casos que no paran de repetirse y que se extienden por todo el territorio nacional. El PP, incapaz de hacer autocrítica, y menos aún ningún tipo de renovación, sigue intentando pasar de perfil, a remolque, sin enfrentarse a un problema que ya es endémico.

Tan rápidos en exigir perdón y arrepentimiento en algunas cosas, carecen del valor suficiente para admitir errores y pedir perdón a la ciudadanía. Más allá de personalidades concretas, todo el PP seguirá teniendo un problema mientras no reconozca que miró para otro lado en tantos y tantísimos episodios de corrupción. Limpieza y regeneración. Porque Rajoy ya está profundamente marcado por esa pegajosa mácula. Llamado a testificar, se le impondrá la tesitura de quedar como un tonto o como un corrupto. Ninguna de ambas permisible para el presidente de un país civilizado. Sin embargo, puede que apta para España.

Sabemos la decisión de Rajoy. Fue durante la legislatura pasada, cuando ya florecían por doquier los casos de corrupción, cuando eligió encumbrar al primer nivel a un partido de extrema izquierda para mantenerse en el poder en base al miedo. Quiere emular a Mitterrand, primero por sus errores, ya veremos si por su longevidad. Su estrategia de: “Mejor corruptos que comunistas… sobre todo si son de los míos”.

Porque como todos sabemos, hay corruptos de primera y de segunda. Los corruptos buenos, los de mi partido, que roban menos, con menos ganas. Y encima son guapos. Y los del contrario, esos sí que tienen mala fe. Hooligans que cierran los ojos y justifican sus actos al más puro estilo de los fanáticos que acompañaban a Messi para aplaudirle a la entrada de los Juzgados.

Mientras cerramos los ojos y seguimos apoyando, incluso con nuestros propios actos, las prácticas del "mientras no me pillen”, los estudios más modestos tachan el saqueo en más de 40.000 millones del erario público. Casi como el rescate bancario. Y eso los que tiran por lo bajo.

De los 175 casos de corrupción que han aflorado desde 1978, la mayoría, 68, pertenecen al PP. En los últimos 5 años no solo ha conseguido adelantar en número al PSOE, con 58, sino que puede llegar a igualarle en costo, aunque Andalucía siempre hace méritos para retrasarlo.

Lo único seguro es que el problema no se solucionará con la táctica Rajoy, la táctica del avestruz. 

A.C.G.

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