El Nuevo Mundo
Donald Trump anula los Tratados
de Libre Comercio (TTIP) impulsados por Obama con Europa y donde más se le
aplaude es desde el sector del propio Bernie Sanders. En España, Echenique no
sabe cómo justificar que su partido haya defendido a ultranza muchas de las
medidas que Trump se está dando más prisa en aplicar. El año pasado, Syriza,
formación ultraizquierdista hermanada con Podemos, gana las elecciones por
mayoría simple en el país heleno. Para formar gobierno no se acercará a otros
partidos izquierdistas como cabría esperar, sino que se aliará con el ANEL,
partido situado en la extrema derecha. Tampoco es raro, de hecho es bastante
habitual, ver votando a estos partidos junto al Frente Nacional francés y a
Podemos en el Parlamento Europeo.
Todo esto, hace años algo
totalmente impensable, se ha convertido en la tónica habitual de cada día,
aceptado por todos menos por estos nuevos partidos de raigambre populista que
están creciendo en todo el mundo. El viejo eje al que estamos acostumbrados, Izquierda-Derecha,
hasta ahora simple pero funcional, se encamina hacia su obsolescencia. Muchos
sociólogos sostienen que las diferencias ideológicas van más allá de lo
político e influyen también en otros aspectos como la ética o la personalidad,
así ¿qué hace que alguien de una ideología se sienta tan cómodo con la extrema
contraria?
Los bandos enfrentados han
existido siempre, aunque en cada época se han estructurado de forma diferente.
Si nos enfocamos solamente en los siglos más recientes, los primeros grandes
enfrentamientos nos los encontramos durante el inicio de la Revolución
francesa, entre los partidarios del Antiguo Régimen (absolutistas) y los
progresistas de ideas liberales (liberales). A finales del siglo XIX esta
dinámica se agota en prácticamente toda Europa y surge un nuevo debate:
socialdemocracia (intervencionismo) vs el libre mercado.
Partidos que estaban a la
izquierda pasaron a estar a la derecha y viceversa. De hecho, muchos de los
antiguos apoyos del Antiguo Régimen acabarían conformando los nuevos partidos
de dinámica paternalista-intervencionista (el esperpéntico Valle Inclán paso,
por ejemplo, de militar en el partido carlista al comunista). Por su parte,
Churchill cambió hasta dos veces de partido político. Sus ideas siempre fueron
las mismas, lo que cambió fue el espectro político de la sociedad.
Tiempo más tarde Thatcher y
Reagan conseguirían agrupar lo que se daría en llamar el conservadurismo:
militaristas, liberales y democristianos. Muchos de estas ideologías
teóricamente eran contrarias. Los que querían recortar el gasto (liberales) no
se tendrían que llevar precisamente bien con alguien que quería aumentarlo
(militaristas). Sin embargo, estas corrientes contaban con el mayor nexo de
unión posible, un enemigo común: la URSS.
En nuestros días, aunque el
debate entre liberalismo e intervencionismo sigue presente, una nueva tesis,
sobre todo tras la victoria de Trump, está cogiendo fuerza: globalización vs
antiglobalización. Estamos entrando así en una nueva dinámica entre algunos partidos,
podríamos decir progresistas, que apuestan por una mayor globalización como
proyecto de futuro (PP, PSOE, C’s…), contra otro grupo, llamémosles
reaccionarios o tradicionalistas, que buscan volver al pasado, dar un paso
atrás (Frente Nacional, Podemos, Trump…).
Lucha contra la austeridad,
nacionalización de empresas, disolución del euro para poder aplicar políticas
monetarias… medidas propugnadas por el Frente Nacional para sus próximas
elecciones que bien poco difieren de las propuestas por Podemos aquí en España.
Los partidos de extrema izquierda y derecha llegan así, a conclusiones
idénticas aunque partiendo desde perspectivas totalmente distintas.
La inmigración, la
deslocalización productiva y el acuerdo tácito entre los viejos partidos hacia
el multiculturalismo, lo políticamente correcto y los mercados abiertos han
creado nuevos nichos de votantes para aquellos que los sepan utilizar. Los
partidos socialdemócratas son los que más están sufriendo en toda Europa,
viendo como sus votantes (antiguos pro intervencionistas) escapan a los nuevos
partidos de extrema derecha o izquierda, mientras que los conservadores, aunque
tocados, siguen siendo los que están marcando el rumbo hacia la globalización.
Visto lo visto, hemos pasado de
elegir entre más o menos intervención a globalización sí o no. Los mayores
caladeros de votos de Marine Le Pen se sitúan en los lugares tradicionalmente
muy izquierdistas y Trump consiguió más votos de los esperados en aquellos
sitios donde Sanders venció a Hillary en las primarias demócratas.
Solo el tiempo dirá como acaba esto,
lo que es seguro es que estamos viviendo en directo un cambio profundo de
mentalidad mundial. Disfrutémoslo.