El Legado de Obama
Observando los medios de
comunicación de nuestra vieja y nihilista Europa parece inconcebible la llegada
de un personaje como Trump a la Casa Blanca. Tampoco desde los medios
estadounidenses, que se volcaron de forma cuasi unánime en la mayor campaña de desprestigio
a un candidato y ensalzamiento del contrario que se recuerda. Así, si solo
hacemos caso a esos medios de control de masas… ¿De qué se quejan los
americanos? ¿Qué les ha llevado a elegir a semejante elemento?
La gestión de Obama, y por tanto
su Legado, se puede dividir en 4 partes totalmente diferenciadas: Exteriores,
Interior, Economía y Saber Estar. Sin lugar a dudas, por este último factor
será por el que se lo recuerde más gratamente. Su saber estar lo han convertido
en un símbolo de dignidad y respetabilidad, un perfecto caballero, padre y
esposo modelo de nuestra sociedad moderna. Todo esto se hubiera quedado tal vez
en nada si no hubiera venido acompañado de su estilo de oratoria, firme pero
armonioso, con un dominio magistral de las pausas y una personalidad totalmente
carismática.
Las sombras comienzan a aparecer
en cuanto nos alejamos de su vida y entorno y ahondamos en sus decisiones y
gestión gubernamental. A nivel Interno, intentó aprobar una sanidad más justa y
accesible (no podemos confundirla con nuestra Seguridad Social), que, aunque
fracasó en su objetivo, consiguió llegar a más de 30 millones de personas que
antes carecían de la misma. Eso sí, a consta de encarecer ésta al resto de la
población. Su triunfo absoluto ha venido de la mano del cambio climático (la
histórica firma del Tratado de París) y el mayor reconocimiento de la comunidad
LGTB. Éxitos, no obstante, empañados por
los bajos salarios y la corrupción generalizada.
Y es que la gestión Interior se
entrecruza de forma inexorable con la económica. Aunque consiguió salvar a los
bancos (rescatándolos) y financió a las multinacionales para evitar su caída y
estabilizar el empleo (todo un éxito, ya que este se sitúa actualmente en el
4,7%), la contrapartida económica han sido el incremento exponencial de la
deuda, la bajada de los salarios reales y la tasa de participación laboral que
han empobrecido a la clase media. 24.7 billones de dólares en estímulos
insuflados en la economía solamente han servido para dejar 20 billones de nueva
deuda (aumento de la deuda total en un 121%) y un crecimiento del PIB que no
llega ni a la mitad de lo pronosticado. El déficit, por su parte, tampoco ha
sido intervenido, llegando a situarse en un 35% en este último 2016.
Irónicamente, donde sí se ha recortado es en gasto público, pasándose del 41 al
35%.
Es, sin embargo, en Exterior
donde Obama ha sido y será más discutido. A pesar de éxitos iniciales como la
caza de Bin Laden y la retirada de Irak, el premio Novel de la Paz no dudo en
apoyar las mal llamadas primaveras árabes que, obviamente, no resultaron más
que en unas primaveras islámicas o la intervención en Siria a favor de las
milicias y los terroristas islámicos. A esto se le suma la dejadez en las
relaciones hacia los aliados tradicionales, como Israel, para complacer a
nuevos y dudosos amigos, como Irán o la lasitud ante Rusia por la anexión de
territorio soberano ucraniano. El lavado de cara del régimen comunista cubano
será su último gran gesto internacional. La abolición de la ley “Pies mojados,
Pies secos” es un último gesto al régimen y una particular vendetta contra la
minoría cubana en Florida que apostó masivamente por Trump.
Por desgracia, los malos modos y
los malos modales del ya expresidente han sido la tónica durante el traspaso de
poderes. Obama se ha afanado en abanderar el antitrumpismo, en buena medida
porque lo sabe parte de su legado. La venganza de la clase media. Ha llegado a
descalificar a Hilary, admitiendo que ella no era la mejor candidata. Obama,
como él mismo proclamó, se siente seguro de que hubiera ganado a Trump. Se ve
como el presidente que acabó con la guerra de Irak y Afganistán, que persiguió
el islamismo terrorista en la figura de Bin Laden y domesticó a Irán y Cuba
durante la coyuntura de la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Eso
podrá ser cierto y dogma para Europa que sueña en su mundo decadente, pero no
para el mundo real. Desde la llegada al poder de Obama en 2008, los Demócratas
han perdido la mayoría en las dos cámaras y en todos los demás órganos de
gobierno del país. En total 14 senadores (de 100), 69 congresistas (de 435), 12
Estados (de 50) y 910 legisladores estatales (de 7383).
Lo que vamos a sufrir, lo que
estamos ya viendo, como tantas otras cosas, no se debe tanto a los aciertos o
triunfos del ganador como de los errores de los perdedores. Quiera Dios que
Trump no nos haga recordar al anterior presidente con dulce nostalgia.