Un ciclo sin Fin
Tras la resaca electoral del 26-J toca sentarse en frio y
analizar los resultados elegidos por el conjunto de la ciudadanía. Todo queda,
como por otra parte era previsible, igual que hace 6 meses y con el miedo,
ahora más fundado, de una tercera repetición de los comicios si no hay ningún
partido socialista que de su brazo a torcer.
El incuestionable ganador, el PP, es el único que sale
reforzado tras el nuevo encuentro con las urnas. Sin embargo, esta no es más
que una victoria pírrica, ya que todavía se ve necesitado de recurrir
directamente al PSOE para conformar un hipotético gobierno. La población ha
indultado a Rajoy, esta vez de forma más clara, gracias a la política del miedo
practicada por los conservadores durante toda la campaña. El miedo a la victoria
de Podemos o de un PSOE capaz de hacer a Pablo Iglesias presidente ha
arrastrado a miles de votantes hacia el menor de los dos males. Es revelador
que allí donde el PP ha conseguido mayores subidas y donde Podemos haya
obtenido sus mayores pérdidas sea en aquellas zonas donde los populistas
gobiernan en tripartitos o demás invenciones (Madrid, Valencia, Cádiz…).
El PSOE vuelve a rebasar su fondo y se demuestra otra vez
que no se sabe lo bajo que este partido puede llegar a caer. Sin embargo, por
ironías de la vida, Pedro Sánchez sale reforzado de la debilidad del PSOE, ya
que ningún barón ha conseguido arañar ninguna victoria al PP o Podemos en
ninguna comunidad, como sí paso en el 20-D, con la consiguiente pérdida de
poder político que eso conlleva. La estrategia de los barones, de todas formas,
sigue siendo la misma: conseguir que Pedro Sánchez se abstenga de motu propio
para que se pueda configurar gobierno y lanzarse como lobos a posteriori contra
el candidato, aunque este, como cabría esperar, no se lo pondrá nada fácil.
Esto acabará seguramente en una consulta a las bases del partido para intentar
quitarse la responsabilidad de convocar unas nuevas elecciones. Difícil sería
otro tamayazo y complicado ver a Ciudadanos y el PNV votando juntos con las exigencias que estos últimos impondrán
para investir presidente con las elecciones vascas a la vuelta de la esquina.
Ciudadanos fue, gracias o no a la
ley electoral, el gran perjudicado de la noche y el que más hará para intentar
evitar una repetición de los comicios. Con apenas una pérdida mínima de votos
es el partido que más escaños ha perdido de forma tangible y ese es su mayor
problema en una tercera vuelta de estas elecciones. Al no tener una base creada
tras años de política como PP, PSOE o IU, muchos de sus votantes podrían
abandonarlos en una repetición de elecciones atraídos por el atractivo “voto
útil” para conseguir acabar de una vez por todas con esta farsa que estamos
viendo. Además, tras pillarse los dedos en la campaña prometiendo su rechazo a
Rajoy, intentarán por todos los medios pasar la pelota al tejado socialista.
Que no nos sorprenda ver otra investidura de Sánchez con otro acuerdo de
Rivera.
Y es sobre Podemos donde más se
hizo de noche. Con la pérdida de 1 de cada 6 votantes en tan solo 6 meses
veremos cómo afecta el resultado a una formación de cientos de partidos
diferentes unidos tan solo por la búsqueda de la victoria y el ansia de imponer
su doctrina por toda España y que no parece capaz de entender cómo el 80% de la
España a la que insultan todos los días no ha ido a votarles. Difícil será
mantener la disciplina de partido con Ada Colau y los suyos pidiendo más
privilegios, Compromís intentando ir por libre, como ya hicieron el 20D y con
la vieja guardia de IU intentando molestar en lo que se pueda. Por si eso fuera
poco, la brecha abierta entre las dos principales familias de Podemos, la
anticapitalista de Pablo Iglesias y Echenique, y, es irónico decirlo en un
partido como este, la más “moderada” de Errejón, cerrada a toda prisa por la repetición
de las elecciones, ha vuelto a abrirse por la plasmación de los vaticinios de
Errejón sobre la confluencia. “Hay que exterminar las malas hierbas” ha dicho
Echenique, fiel a los principios del partido, que abandonó la socialdemocracia
la misma noche en la que perdieron 1 millón de votos y miles de sus seguidores
se lanzaron a desear la muerte a todos aquellos que no compartían su ideología.
Veremos cómo afronta la derrota un partido nacido por y para la victoria. Esperemos
que con un poco más de entereza que inventarse un fraude electoral. Lo único
que podemos asegurar, es que Pablo Iglesias ya es “casta”. Atrás quedó
diciembre cuando predicaba que él, al contrario que los profesionales de la
política, se iría si no ganaba las elecciones. Lo incumplió el 20D, aunque con
matices por el éxito de la formación morada, y de momento lo está incumpliendo
ahora. Bienvenido a la casta, Pablo.