Suecia y las Cuentas Nocionales
“Si dentro de 30
años no tenemos dos jóvenes trabajando para mantener a un jubilado, habrá
ocurrido una catástrofe o habrá robots que lo hagan."
Santiago Carrillo,
Secretario del PCE.
Ya que siempre hablamos de los
países nórdicos, podría ser hora de comenzar a imitarlos. En la actualidad,
Suecia gasta en pensiones apenas un 7,6% de su PIB, la mitad que España, e,
incluso, espera reducir esa cifra a pesar del envejecimiento de su población. Y
aunque es cierto que se tratan de previsiones optimistas, la diferencia frente
a España, donde la incógnita entraña tan solo en la fecha del quiebre del
sistema, es abismal.
Las Cuentas Nocionales es una
combinación del método de Reparto y el de Capitalización, donde los
trabajadores sufragan las pensiones, pero donde éstas dependen de lo cotizado
durante toda la vida laboral y no de la base de los últimos años.
Un sistema de ahorro privado
intergeneracional. Más aún cuando el dinero cotizado no permanece estático,
sino que, a la hora de cobrar la pensión, se le aplica un factor de
revalorización ligado esencialmente al aumento de los salarios. Es decir, que
cuanto más cobren los actuales trabajadores, mayor será el incremento de las
pensiones.
Una completa alineación de
incentivos, pues el bienestar de los pensionistas dependerá directamente de la
marcha de la economía. Un aspecto clave ya que, en épocas de recesión, también
su pensión se verá reducida. Así se propicia la implicación de los más mayores
en el buen funcionamiento económico, derivando sus votos a quienes sean capaces
de garantizarlo. Una dinámica que extirpa de raíz las medidas populistas de
incrementos indiscriminados de las pensiones, aun a coste de endeudamientos
masivos o extractivas subidas de impuestos. Dejando atrás la egoísta lucha
generacional del sistema de Reparto, o todos ganan… o todos pierden.
Incluso eliminando una de las
problemáticas más habituales, pues el procedimiento divide el importe de dinero
ahorrado entre la esperanza de vida habitual a la hora de ajustar la pensión.
Así, el Estado no solo compensa económicamente las distintas esperanzas de vida
de sus ciudadanos, sino que permite al sistema ajustarse automáticamente al
envejecimiento de la población, protegiéndolo de los vaivenes demográficos.
Por esa razón las pensiones en Suecia
son al mismo tiempo sostenibles, evitando déficits, y suficientes para una vida
plena. Así lo certifica la propia Agencia Sueca de Pensiones, quien calcula que
los nuevos pensionistas reciben entre el 75% y el 86% de su último salario.
Transparencia y seguridad para una
ciudadanía que conoce en todo momento el monto estimado de su pensión y las
normas que finalmente lo regirán. Un profundo contraste frente a nuestro
sistema de Reparto tradicional, donde su normativa depende de la voluntad
política, y las reglas del juego (edad de jubilación, pensión, base de
cotización, medio de sufragarlo…), del Gobierno de turno. No es extraño, pues,
que las cotizaciones en España ya no se vean como un ahorro, sino como otro
impuesto injusto a evitar. Y la proliferación de la economía sumergida tan solo
agudiza la decadencia económica del país.
Otra de sus peculiaridades es que
los trabajadores suecos pueden jubilarse cuando lo consideren oportuno a partir
de los 62 años, eligiendo, si es su deseo y tienen energía, trabajar más años
para continuar ahorrando. Además, la pérdida de trabajo durante los últimos
años previos a la jubilación no es tan traumática como en los modelos de
reparto, pues este último salario no resulta determinante.
Y, por supuesto, también contiene
un mecanismo de apoyo a los más desfavorecidos, con la existencia de un
subsidio mínimo que oscila entre los 700 y los 1.150 euros, según las circunstancias.
Un complemento relativamente alto que, gracias al sistema, el Estado puede
permitirse. Eso sí que supone que nadie se quede atrás. Sin obviar, como no, su
complementariedad con un segundo sistema de pensiones privado.
El periodo transitorio de Suecia
duró dos décadas. El tiempo corre en nuestra compra. Ya veremos si en España dejamos
escapar el momento de buscar soluciones antes de adentrarnos en el de encontrar
culpables.
