Aborto, Derecho Ilusorio
“Hay
bebés que no tienen futuro
Porque
quizás alguien lo ha decidido.
Hay
bebes que no nacerán
Y
van directamente al Paraíso
Porque
no hay lugar para ellos entre nosotros.
Hay
bebés que no nacerán
Porque nos hemos
rendido”.
Lorenzo Cherubini “Jovanotti”,
cantautor.
El aborto se ha convertido en la
última reivindicación socialmente romántica. Solo así se entiendo cómo, ante
una propuesta discrepante, las feministas, silenciosas durante la
excarcelación de más de 500 violadores, amenazan con violentas algaradas y el
Gobierno de coalición con aplicar el difamado 155 sobre Castilla.
Una situación que no se debe únicamente
al ímpetu de la izquierda. Imprescindible ha sido la dejadez de una derecha que
no solo ha incumplido sus promesas provida desde 2011, sino que, incluso
cuando otro partido se encarga de impulsarlas, se escandalizan tratando de
frenarlas.
“La polarización favorecerá a
Sánchez” claman revelando el gran triunfo de la izquierda: la confrontación
ideológica asimilada, esperpénticamente, a sometimiento. Un leitmotiv que
vacía de propósito a la alternativa, pues ¿para qué votar si la única opción
supone reproducir el programa hegemónico? Una mentalidad que alcanza
potencialmente a cualquier iniciativa, privando a la oposición de su labor
fundamental: confrontar propuestas salvo acuerdo doctrinal. Y quizás ese
es el problema, que están de acuerdo.
El PP de Feijoo no duda en
confesar que se sienten más cómodos con la norma de Zapatero que la de
González. Ambas socialistas, porque sálveles Dios de proponer ellos
mismos otra opción plausible. Incluso dicen haber ordenado contra Vox la “guerra cultural”
que tanto se niegan a lanzar contra el PSOE. ¿Que la ley financia
el aborto libre mientras castiga con penas de hasta 2 años procesos similares
contra animales? Moderado. ¿90.000 nasciturus al año? Comedido. ¿Atentar
contra la libertad religiosa, de reunión, deambulatoria y de expresión
enjuiciando a quienes recen en la vía pública? Mesurado, sobrio y austero.
Y así, tras casi 12 años de
renuncia de un Tribunal Constitucional conservador, el primer pleno del nuevo Alto
Tribunal ha afrontado la cuestión. Es normal, los progresistas sí que hacen
leyes y transmiten ideas, incluso aunque para ello la ley deba retorcerse para
evitar molestas inhibiciones judiciales. Que rápido se diluyen las excusas
sobre la falta de consenso sobre un tema tan transcendental.
Pero, aunque el aborto no sea un
derecho, sí que afecta a otros, como la vida, la libertad y la salud del no
nacido, la mujer embarazada y el padre. Y quienes defienden las posiciones más
extremas, son aquellos que acaban pisoteando más derechos y justificando
auténticas aberraciones.
Porque debemos ser conscientes de
que además de proselitistas de la ilegalización del aborto, hay muchas
personas que lo consideran como un simple método anticonceptivo gratuito. O
como una especie de rebeldía, un ataque contra sus fantasmas y neuras, tal y como
demuestra el monólogo sarcástico de Louis CK, “2017”, de Netflix.
Significativos son los aplausos del público y los gritos jaleantes de mujeres
ante la frase “yo creo que las mujeres tienen derecho a matar niños".
Los defensores del aborto libre
defienden que una regulación más laxa ha permitido tanto reducir su número
(90.189 en 2021 frente a los 113.031 de 2010), como la cantidad de mujeres que
abortan (10,7 cada mil frente a 11,71). Sin embargo, obvian tanto su
incremento desde el año 2000 (63.756 abortos y 7,14 cada mil), como en su
importancia sobre el total (16,03% año 2000, 23,23% en 2010 y 26,73% en 2021).
Todo con una población fértil cada vez más envejecida (40,85 años, 42,56 años y
45,33 años respectivamente), reincidente (el 34,65% ya había abortado
previamente y para el 10% era, al menos, su tercera intervención) y que abandona
los anticonceptivos (el 47,89% no utilizaba).
Irónico como en la era del
empoderamiento femenino, y la sentimentalización, se intente ocultar el
auténtico dolor del aborto, negándole información a las mujeres. No fuese a ser
que sus débiles mentes pudieran verse perturbadas. El famoso latido del feto, aunque
una medida inane, es solo una de las muchas informaciones que ayudarían a tomar
una decisión fundada. Y difícilmente supondría una coacción mayor que
el ofrecimiento de realizar pruebas como la amniocentesis, destinadas a
descubrir malformaciones en el feto.
Revelador que los paladines del
intervencionismo estatal rechacen la promoción de una fuerte red pública de apoyo
para que los bebés puedan llegar a término, ya sea con madres biológicas o
adoptivas. Incluso eliminan subvenciones a aquellas organizaciones encargadas,
como la Fundación Red Madre, en los Ayuntamientos donde gobiernan. ¿Puedes ser
realmente libre cuante solo se te ilumina una única opción?
Desde la izquierda se acusa de
que, si los hombres se quedasen embarazados, el aborto sería sacrosanto. Más
allá de la paradójica atribución de criterios político-identitarios por parte
de quienes tanto se esfuerzan en negar efectos biológicos, ¿alguien duda de que,
si los hombres pudiesen abortar, Igualdad ya lo habría catalogado como “Violencia
Vicaria”?
