Pan para hoy...
Tras la resaca de los Juegos Olímpicos de Río, de las
medallas, de los parabienes, de los presidentes de las distintas federaciones
felicitándose mutuamente por lo que todos, dicen, ha sido el gran éxito de Río,
toca volver a la normalidad. Toca volver a no escuchar ni una palabra que nos
pueda indicar la existencia al común de los españoles de otros deportes que no
sea el Todopoderoso futbol y, de vez en cuando, el baloncesto.
Pero no solo se impondrá un vacío mediático o publicitario.
También se redundará, aunque tal vez lo uno viene aparejado por lo otro, en el
vacío existente en las arcas públicas de dinero destinado al deporte en España
para algo que no sea futbol. Porque hoy empezamos a jugar las olimpiadas de
Tokyo. Porque sin dinero no puede haber más medallas. Sin dinero y con una
gestión diferente de las actuales y anquilosadas federaciones deportivas
dirigidas, normalmente, por hombres que solamente pisan algo relacionado con el
deporte en el momento en que tienen que inaugurarlo para llevarse la comisión.
Sin embargo, no toda la culpa viene de las Federaciones. Los
políticos, de forma habitual desde Barcelona y más acuciante desde el Gobierno
de los recortes de Rajoy, han ido menguando el presupuesto destinado a estas
actividades. Parece que el ejecutivo de Rajoy ha querido ahondar en el hábito
de los anteriores gobiernos y hacer de la frase “Mens sana in corpore sano” un
anatema de su gestión. Ni el deporte ni la cultura han conseguido salvarse de
su escrutinio. Con el aumento del precio de las entradas de teatros, libros y
novelas, disminución de las subvenciones a los toros… y la puntilla de la
eliminación de la Filosofía en la última reforma educativa.
La Filosofía va a engrosar el abultado cajón que ocupan ya
la Literatura, española y universal, el deporte, la música y el arte en las
escuelas, a la misma vez que se crean unos baremos educativos que potencian la
nota por encima del aprendizaje. De la llamada generación más preparada de la
historia de España, como podemos comprobar tanto en las encuestas como en las
decisiones que toman en el mundo real, a pesar de todos los exámenes aprobados,
pocos son los que gozan de una cultura general o unos conocimientos más o menos
amplios y de ese grupo, pocos son los que disfrutan de conocimientos más allá
de los campos o especializaciones que dominan.
Después de años de una saña profunda contra la Cultura con mayúscula,
los políticos al fin han conseguido que a los jóvenes, al menos a la mayoría,
ya no les interese ésta. Leer, informarse, aprender… es ya tan solo el reducto
de una minoría, similar a otra minoría, que va creciendo conforme pasa el
tiempo, que se jacta de no haber cogido jamás un libro, más interesada de los
programas de la 5 que de lo que sucede en el mundo.
A pesar de todo, incluso a los mismos políticos les ha
salido rana. En vez de una generación de idiotas conformistas capaz de
revalidar todas sus decisiones, han hecho que cada vez más gente sea propensa a
creer la demagogia, tanto de unos como de otros, pero sobre todo de unos que se
creían ya extintos, llevándonos a la situación en la que ahora nos encontramos.
Como en tantas otras cosas, el Reino Unido, a pesar de las
faltas que hemos podido comprobar que pesan sobre él, sigue siendo un gran
espejo en el que mirarnos para poder convertirnos, algún día, en un país
civilizado a la semejanza de otros en Europa. Para que de verdad podamos
rebatir, sin que nos saquen los colores con sus argumentos, esa vieja frase
gabacha de que “Europa comienza en los Pirineos”.
¡Qué gran debate para nuestros políticos! Nada más y nada
menos que la supervivencia de nuestra sociedad y la búsqueda de una mejor para
evitar que los agentes que la amenazan no la lleven a la barbarie. Lástima que
a nuestros políticos les gusten temas más actuales, como la Guerra Civil. Pero
claro, lamentablemente para mí, pienso que una buena parte buscan la primera
opción.